Televisa nos mostró a los mexicanos su infinito poder ante la clase política. Una serie de reformas legales escritas en los escritorios de la empresa, pasaron por ambas cámaras sin que se les cambiara ni una coma. No importaron las posiciones de la COFETEL, el IFE, la Comisión Federal de Competencia, tampoco el pronunciamiento de la Oficina en México del Alto Comisionado en Derechos Humanos de la ONU. Fueron dejadas a un lado las voces de especialistas, ni siquiera escucharon a sus propios compañeros de senado que valientemente se opusieron. El de ayer fue un día negro para México. Es momento que nos pongamos a pensar que vamos a hacer ahora.
Existe una verdadera indignación en la sociedad mexicana. Pocas veces había yo visto al país tan unificado en torno a un tema. A pesar del supuesto poder de Televisa en la mente de los mexicanos, los foros en internet, las encuestas, muestran que no nos la tragamos. Emilio Azcarraga Jean, a pesar de su cara de bobo, nos atoró. Aprovechó la estupidez y mediocridad de la mayoría de nuestros políticos para desfalcarnos.
