Los humanos salimos de África hace unos 40 mil millones de años. Poco tiempo después, hace unos 10 mil añitos, arribamos a América para no irnos nunca más. Un viaje increíble, épico. Nuestra condición humana nos hace seres migrantes. Tras la dispersión de la familia comenzamos la reunificación, de nuevo a migrar, y nos hemos ido redescubriendo en medio de violentos choques que han costado millones vidas. A pesar de que genéticamente nos separa menos del .01 por ciento, y que todos somos hijos de esos mil hombre y mujeres que sobrevivieron la erupción del volcán Toga, las diferencias nos han hecho despreciar, incluso odiar, a los otros. Pero esas mismas diferencias, más producto de las migraciones originales que de la genética, son las que nos han permitido la construcción de la cultura humana.
Mi árbol genealógico, carece de realeza y de pureza. Mi abuela materna es una italiana que llegó a Ecuador por la pobreza que se vivía en la península tras la primera guerra mundial. Mi bisabuela paterna llegó de España a principios del siglo pasado. Un viaje a visitar a su abuelo. Pero él murió, y no tuvo como regresar a España y se quedó huérfana, viviendo con parientes, en la ciudad de Puebla. El padre de mi abuelo paterno, ebanista que llegó de España a México para construir las puertas del Palacio de Bellas Artes, tuvo que ir a hacer su servicio militar a Filipinas. Allá se casó y trajo a mi bisabuela filipina a vivir para acá. La última es mi madre, quien dejó el soleado Guayaquil para venir a esta Ciudad de México, Todas estas migraciones en mi árbol genealógico en menos de ciento veinte años. ¿Cuántas habrán sido antes? ¿Cuántas desde que los primeros hombres y mujeres abandonaron África?
(more…)