Antes de la llegada de Salinas al poder, uno podía acusar al PAN de muchas cosas, pero siempre había que reconocerle su lucha a favor de la democracia. Perdieron millones de elecciones desde que fue fundado en 1939, pero siempre mantuvieron sus banderas. Su drama comenzó en 1988. El enorme fraude que llevó a Salinas de Gortari a la presidencia fue limpiado por la bancada panista en la cámara de diputados, pasando por encima de su propio candidato, Manuel Clouthier. De ahí le agarraron gusto a eso de las cochinadas, y en negociaciones en lo oscuro, pactaron posiciones de poder con Salinas. Ya no era el PAN de Gómez Morín, era un nuevo PAN. Un nuevo PAN capaz de cualquier bajeza con tal de accesar, y ahora mantener, el poder.
La victoria de Vicente Fox fue indiscutible. Las que sí son discutibles fueron esas voces que clamaron que con ella México entraba a la democracia sin adjetivos. Seis años después el país está estancado, y no me refiero solamente a nuestra pobre economía, políticamente no han habido avances. No hablemos ya de la tan necesaria Reforma de Estado, los partidos ni siquiera lograron, con todo y los escándalos de financiamiento en las campañas del 2000, una reforma electoral. Vicente Fox no fue el presidente de la transición, a lo sumo, de la alternancia.
Pero lo más grave es que la mayoría de los mexicanos votaron en el año 2000 buscando la tan anhelada democracia y Vicente Fox los defraudó. El “demócrata” Fox intento por todos los medios a su alcance sacar a López Obrador de la contienda. El desafuero, del que se tuvo que retractar a últimos minutos, era un plan grotesco para eliminar al rival odiado de la contienda.
Fox odia a López Obrador y está dispuesto a pisotear todos los valores de la democracia con tal de que no llegue al poder. ¿Es democrático gastar millones de pesos de nuestros impuestos en los medios? ¿No era la crítica que hacia el PAN de los gobiernos priistas? Pero no sólo eso, desde la investidura presidencial abrió la boca una y otra vez para intentar frenar a López Obrador. Busco negociar con diferentes sectores de la sociedad y partidos, si podemos decirle partido al Verde, para reforzar a su candidato. Ese fue el legado de Gómez Morín, quien seguro se revuelca en su tumba.
¿Qué pensaría Gómez Morín de Espino? ¿Es posible imaginarse una cena entre ellos dos? Espino se enorgullece de sus comerciales casi anónimos. Se ufana de decir que otro candidato presidencial “es un peligro para México”. El Tribunal Electoral le prohibe un comercial y él se muere de la risa.
Yo, al principio de las campañas, consideraba que no era grave quien fuera presidente de México. A fin de cuentas de eso se trata la democracia, que gane el que más votos tenga. Mi voto lógico hubiera sido por el PRD, pero por las razones que ya he expuesto en este sitio no pensaba votar por él, y por lo tanto, por nadie. Iba a ir a anular mis boletas porque pensaba que era una forma de protestar contra la partidocracia. Hoy ya no pienso igual. Hechos como los de Atenco, la persecución contra el sindicato minero, los muertos en Lázaro Cárdenas, me hicieron empezar a dudar. Con Fox habíamos vivido una derecha de mentiritas, pero coincidió la llegada de Calderón como candidato con la derechización de adeveras del gobierno panistas. Pero aún así dudaba. Sin embargo, el desarrollo de la campaña de Felipillo Calderón, la constante violación a los valores de la democracia, me han convencido de ir a votar por López Obrador. Sólo votaré por él. Las demás boletas serán anuladas.
