Sin duda, la novela que más veces he leído, y perdido, es 100 años de soledad. La razón de lo primero es muy simple, cada lectura no decepciona, cada lectura es volver a entrar al mundo de Macondo. Y las perdidas también son lógicas, todo mundo se la roba del librero. Vaya, es que es grandiosa. Asombra que la haya escrito en un año. Y no sólo por la complejidad de la trama, o los cientos de pequeñas historias que la componen, la prosa es perfecta, sensual, deliciosa. Yo tenía un querido amigo en la preparatoria que se aprendió de memoria páginas y páginas de ella. Nos la recitaba en los descansos o cuando nos tomábamos unas cervezas. Es que todos queremos a Gabo. Mi abuela, por ejemplo, siente suya esa novela como ninguna otra. Siempre relaciona su vida de niña en su pueblo Huajuapan con la vida de Macondo. Recuerda, como el coronel Aureliano Buendía, la tarde que conoció el hielo. Pero a Gabriel García Márquez no sólo se le quiere por su obra. Es un tipazo. ¡Qué maravilla! No sólo ser el gran escritor de su tiempo, también ser una gran persona. Su residencia en esta Ciudad de México, nunca ha quedado ha más de 10 minutos de la mía. ¿Y eso qué? Nada, me gusta pensarlo.
