Para pocos países en el mundo, como para México, es tan trascendente la elección en Estados Unidos. Compartimos una frontera de 3,141 kilómetros, un poco más que la distancia en línea recta entre Madrid y Helsinky. Las relaciones entre ambos países son complejas históricamente. La dependencia hoy de México a su vecino del norte es brutal, nuestros políticos esgrimen siempre nuestros problemas de crecimiento económico a las condiciones de la economía estadounidense. Si no crecemos, de acuerdo a lo que nos han dicho nuestros últimos secretarios de Hacienda, es simplemente por culpa de ellos, de los gringos, que no ponen su economía a trabajar eficientemente. Nosotros no podemos hacer nada, tenemos las manos atadas. Pareciera simplemente una justificación de nuestros gobernantes, pero los datos lamentablemente lo confirman. A pesar de que México a firmado tratados de libre comercio con la Unión Europea, Japón y varios países de latinoamérica, el 84.7% de los 250 mil millones de dolares que exportamos van a Estados Unidos.
Pero la dependencia de México a Estados Únidos no es exclusiva de lo económico, también en lo humano. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Población viven en Estados Unidos más de 11 millones de mexicanos, de lo cuales 6.2 millones lo hacen sin documentos. Contando a los descendientes de mexicanos nacidos en los Estados Unidos la cifra crece a 29 millones 300 mil. En 2006 ellos mandaron a sus parientes mexicanos 21 mil 295 millones de dolares, la segunda fuente de divisas extranjeras para México después del petroleo.
Es por esto que el tema de la migración es uno de los más importantes en las agendas de los precandidatos a la presidencia de los Estados Unidos, y uno de los temas más sensibles para nosotros los mexicanos. La discusión de una ley en amnistía para los migrantes, gracias a la cual puedan regularizar su situación legal en Estados Unidos, ha sido frenada en el congreso estadounidense a pesar del apoyo del presidente Bush a la misma. Es el ala más ultra del partido republicano quienes no la dejan pasar. La lógica indicaría que lo que le conviene a México es la victoria de un candidato demócrata. Tanto Barack Obama como Hillary Clinton, los más posibles ganadores de la candidatura demócrata a la pesidencia, apoyan una reforma que permita la legalización, de su estancia en Estados Unidos, a los inmigrantes ilegales. Del otro lado, del republicano, el reciente ganador en New Hampshire John McCain, también se ha pronunciado a favor de una ley en el mismo sentido, a diferencia de sus contrincantes, los ultraconservadores Romney y Huckabee, que plantean que los inmigrantes ilegales deben regresar a sus países y desde ahí hacer los tramites para conseguir su residencia en Estados Unidos, plan avalado por los loquitos de Minute Man, la organización civil que se dedica a perseguir armados a los migrantes mexicanos que cruzan la frontera.
Cierto que sería importantísimo un presidente que avale una reforma migratoria justa para nuestros connacionales, sin embargo igual de importante es que cambie también la composición de las cámaras de senadores y diputados en Estados Unidos para que la nueva ley pueda ser aprobada. La lógica indica que una clara victoria demócrata en las cámaras y la presidencia sería de gran ayuda.
Otro tema trascendente para México en su relación con Estados Unidos, y que ha explotado este año, es el tema agrícola del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. A partir del primero de Enero del año en curso, varios productos agrícolas, como el maíz, base de la alimentación y de la producción del campo mexicano, pueden entrar a México sin aranceles por parte de sus socios comerciales. Las protestas no se han hecho esperar y con justa razón. La competencia desigual entre los campesinos mexicanos, y los productores norteamericanos que reciben miles de dolares en subsidios por parte del estado, pone en clara desventaja al campo de México. Sectores importantes del país están pidiendo la renegociación del tratado. El gobierno mexicano insiste que el campo esta fuerte, y más tras inyectarle este año, vía presupuesto, 204 mil millones de pesos, cifra record, pero lo cierto es que la presidencia puede verse a obligada por la presión social a plantearle a Estados Unidos vías para rectificar el TLC. Una situación, lo menos, complicada, y más dependiendo quien esté al frente de la Casa Blanca el próximo año.
El único que establece, claramente en sus ofertas de campaña, la importancia de que Estados Unidos apoye el crecimiento económico de México es Barack Obama. Dice en su página de internet: “Obama cree que nosotros necesitamos hacer más para promover el desarrollo económico de México para disminuir la inmigración ilegal.” Al menos tiene la sensibilidad de que un México fuerte económicamente sería para Estados Unidos una fuente de menos problemas. Hillary Clinton no dice nada al respecto, pero los mexicanos no podemos olvidar que su marido, en la terrible crisis económica que padecimos en 1994, nos prestó de inmediato veinte mil millones de dolares para sobrevivir. El señor McCain habla en su página de internet, como buen republicano, que es importante ser aliado de México para que no caigamos en las garras de Chávez.
Otro tema trascendental para los mexicanos es el del narcotráfico. En 2007 más de 2,500 asesinatos en México estuvieron ligados al narcotráfico. Las armas para esas ejecuciones fueron compradas, en su mayoría, en Estados Unidos con dinero que también proviene de Estados Unidos. Mientras en México estamos librando una batalla diaria contra el narco, en Estados Unidos, país donde se consume la droga, no existen nunca detenciones de capos, ni decomisos de drogas, ni incautaciones de dinero. Su política es que en México y el resto de latinoamérica se enfrente el problema y ellos lavarse las manos, a pesar de que es por sus adictos, que deben ser millones, que en México están muriendo personas.
¿Cuál sería el mejor escenario para México de cara a las elecciones en Estados Unidos?
La victoria de Obama, luego pondría a Clinton, y si no se puede, al menos la de McCain, un republicano no del ala ultra. Bajo ninguna circunstancia una victoria de Romney y Huckabee, que significarían para nuestro país una verdadera tragedia.
Una contundente victoria de los demócratas en las cámaras.
Que el nuevo presidente saque a los Estados Unidos del letargo económico que ha vivido durante la administración Bush.
Un nuevo presidente que entienda la importancia del desarrollo económico de México para su propia seguridad nacional.
Un nuevo presidente que combata en Estados Unidos el narcotráfico y las adicciones a las drogas.
Con eso me daría por bien servido. Tanta influencia tiene el presidente de Estados Unidos en México que nos deberían dejar votar allá, aunque nuestro voto valga al 2 por 1.
¿Ustedes por quién votarían? ¿Obama, Hillary, McCain, Romney o Huckabee?