Mi memoria no da para la precisión, pero debo haber leído por primera vez a Carlos Fuentes a los catorce o quince años y estoy cierto que para cuando cumplí los veinte ya había leído toda la obra que había escrito hasta aquel 1994. En la adolescencia y mi primera juventud fui un fanboy de Fuentes. No era sólo su literatura lo que me fascinaba, también su imagen. No podría describir sino como enamoramiento la sensación que me asaltaba cuando lo veía hablar en sus conferencias en el Colegio Nacional. Tenía su fotografía pegada en la pared atrás del monitor de mi computadora Amiga que utilizaba en aquella época.
Carlos Fuentes no sólo me hizo amar con locura la literatura y a esta ciudad, no sólo me ayudó a entender el siglo XX mexicano, lo más importante para mí fue que me hizo sentir que no había nada más cool en el universo que ser escritor, no había nada más cool que ser Carlos Fuentes. Él es el responsable de mi deseo de ser un novelista famoso. Carlos Fuentes tenía todo lo que mi imaginación de adolescente, y de adulto contemporaneo, idealiza. Un hombre de una cultura luminosa y una inteligencia fuera de lo común, cuya voz siempre es escuchada y genera opinión, que además, ejerce con maestría el mágico y místico acto de escibir. Pero no sólo eso, es también un hombre cosmopolita, al que no limitan lo océanos y que se desenvuelve tan bien en Oxford como en la Ciudad de México. Y lo que más me ha sorprendido, lo que nunca he logrado explicarme, es que casi siempre, así venga de 3 meses en Inglaterra, tiene un bronceado perfecto.
Menos que de Carlos Fuentes, pero también fui un gran fanático de U2. Y me pasó algo similar en los dos casos con el paso del tiempo. A U2 jamás le perdoné los discos que siguieron al ya de por si desabrido Zooropa. A Fuentes le perdí el fanatismo depues depues de Los años de Laura Díaz. ¡Cómo mi escritor idolatrado había escrito tal mierda! Y con los libros siguientes lo fui queriendo menos y menos. Así somos los fanáticos, unos estúpidos.
Hasta que hace un par de años releí la Región más tranparente y volví a maravillarme con la prosa y la construcción de la ciudad de Fuentes. Y ahora, en medio de los festejos por su cumpleaños ochenta, y gracias a un examen de mi memoria, he recuperado la imagen del mejor novelista mexicano de todos los tiempos.
Feliz cumpleaños, Carlos Fuentes, y gracias por todo.

Acabo de terminar mi re lectura de la Región más transparente, y nuevamente me maravilló. Está por más decirlo, pero efeictivamente, gracias por todo Carlos Fuentes. Y, bueno, una idea para los desaparecidos Hijos de Mafalda, sería hacer una placa efímera para el Convento del Carmen: “Diciembre de 1954, aquí bajó Ixca Cienfuegos del jaguar de Rodrigo Pola”, jajajaja.