Justo estaba acabando de leer Shalimar el Payaso de Salman Rushdie cuando la India sufrió la serie de terribles atentados en Bombay. La novela de Rushdie cuenta la historia de un asesino cachemiro que busca vengarse de su esposa infiel y del amante de ella, un ex-embajador norteamericano en la India.
Gran parte de la narración tiene como escenario Cachemira, en la parte controlada por la India. Cachemira, tras la independecia de la India del imperio británico, y la creación de Pakistan de mayoría musulmana, quedó dividida entre estos dos estados y otra porción para China. Desde entonces a sido el centro del conflicto entre Pakistan y la India. Dado que la mayoría de la población en Cachemira es musulmana, poco menos del 75 por ciento, insisten en que ese territorio les correponde.

Rushdie a lo largo de la novela, y a través de la vida de un pueblo y unos personajes, nos hace recorrer la historia del siglo XX de esa atribulada región del mundo. Una historia tan dramática como la de otros tantos lugares, donde las religiones juegan un papel deshumanizador y de puntas de lanza de conflictos terribles.
Y como estamos acostumbrados en estos últimos años en tantas obras, otra vez nos enfrentamos al oscuro lado fanático del islamismo. Y no deja de sorprender el nivel de violencia y estupidez que nos provoca, lo mismo que sentimos al ver las trágicas escenas de Bombay.
El asesino de Rushdie, un enamorado payaso que se convierte en asesino en busca de venganza, encuentra salida a su sed de sangre en la religión. Y me pregunto, ¿volveremos a ver la cara luminosa del Islam? ¿Algún día las mujeres en el mundo islámico volverán a ser respatadas y podrán andar en la calle sin taparse la cara? ¿Acabrán las persecuciones contra escritores y artistas como el propio Rushdie? ¿Ganarán alguna vez los musulmanes que encuentran en las palabras de Mahoma amor y tolerancia y no guerra?
Guardo esperanza por esa región del mundo. Espero la llegada de un nuevo orden mundial, donde las potencias como Estados Unidos, no vayan allá a destruir el tejido social y permitan la llegada de la paz en esa región. Y así poco a poco el Islam vuelva a ser centro del mundo, no por guerras, si no por belleza e inteligencia, como alguna vez lo fue.