Según Felipe Calderón, la economía de América Latina parece una kermés. Cuando lo leí por primera vez pensé que era nomás una tontería más del señor o una mala transcripción del reportero. Pero cuando leí el discurso completo vi que no: para el inquilino de Los Pinos América Latina hace economía de kermés. De kermés panista. En sus propias palabras:
“Este fenómeno de aislamiento y de nuevo proteccionismo me recuerda las kermeses o los eventos de recaudación de fondos que hacíamos en el PAN cuando estábamos casi en la clandestinidad. Resulta que a la kermés únicamente íbamos los mismos de siempre, y entonces la misma familia tenía que hacer el mole, que se lo vendía a los hijos de la familia”.

Primero me dio risa. Hasta que leí bien el discurso. El presidente tiene una idea de lo que ha pasado con la economía latinoamericana que por su simpleza invita más al susto que a la risa.
Por ejemplo, según él el “boquete financiero” lo produjo el exceso de liquidez generado por los déficits que se generaron en las últimas décadas. La permisividad de los gobiernos hacia las élites financieras no mereció ninguna mención.
Calderón habló también de inversión pública y privada, y hasta aquí todos de acuerdo. Pero tiene el problema de que olvidó mencionar que la inversión per se no genera desarrollo, que si no va acompañada de programas eficientes que busquen distribuir entre todos el capital generado con esa inversión, lo que se logra es enriquecer a los menos. Y que si no va acompañada de una visión integral, que sume sus costos sociales y ambientales, lo que hace es cambiar un desastre por otro.
O séase: que Felipe Calderón no aprendió la lección que nos dejaron las últimas décadas de apertura comercial: que por más que a la kermés aparentemente pueda entrar cualquiera, al final sólo la disfrutan los que tienen el capital para poner un puesto; que no sólo basta con que la alcaldía no suelte dinero a lo tonto a la hora de organizar la kermés, sino que tiene que haber reglas claras que se cumplan sobre qué hacer con ese dinero. Porque si no, la kermés comercial termina siendo de todas formas una kermés panista: participan los pocos de siempre, y el resto sigue sin poder ir a la fiesta.
