Milk y la familia

Written by Emiliano Crespo on Marzo 10th, 2009

El domingo vi Milk, la película del gran Gus Van Sant. Sean Penn nos regala otra de sus magistrales actuaciones. Pero esto no quiere ser una reseña, más bien un cruce entre la realidad que retrata la película, el San Francisco de los años setenta, y el México de hoy. Milk es un homosexual que encuentra en la lucha por los derechos civiles la razón de su vida. Sus principales enemigos, la derecha norteamericana, usaban como principal argumento en contra de los derechos civiles de las personas con preferencias sexuales distintas a la heterosexual, que los homosexuales eran los destructores de la familia, el núcleo mismo de la sociedad. Hoy la derecha mexicana se lanza a los espacios públicos en defensa de la familia con el patrocinio ideológico del vaticano. Y nadie, yo creo que nadie excepto quizá los sociópatas, está en contra de las familias. Pero lo que defienden las derechas, protestantes o católicas, es la familia de mamá, papá, hijos (tantos como aguante el útero de la madre) y perro.

Si bien la familia es el núcleo de la sociedad, no entiendo porque se tenga que definir a la familia dentro de un sólo esquema. Sin basé alguna científica, estadística, o al menos argumentativa, los señores de las derechas afirman que los hijos de familias distintas a las que marca su patrón son los delincuentes, violadores, pederastas o degenerados. Lo cuál es a todas luces un absurdo: la mayoría de los abusadores sexuales e infantiles fueron abusados, y en su inmensa mayoría por un familiar e incluso su propio padre. La desintegración familiar en esos casos no sólo es justa, es un bien para la sociedad en su conjunto. Si existe violencia hacia la mujer o los hijos, lo mejor que se puede hacer es separar a la familia. Y del proceso de desintegración viene la construcción de un nuevo núcleo familiar, donde madre o padre e hijos pueden construir una nueva vida. Es vergonzoso que nuestro gobierno panista en lugar de tenderle una mano a esas mujeres o hombres en problemas, que de acuerdo a las bases de su pensamiento cristiano es lo que deberían hacer, las juzguen y condenen, y sin base alguna tache a sus hijos de futuros seres asociales.

La realidad es muy distinta a como la pintan los hombres de faldas negras y sus seguidores. Miles de familias en México son “desintegradas”. Cada vez existen más núcleos familiares de dos mujeres o dos hombres que se aman. Cada vez más mujeres solas deciden tener hijos por su cuenta. Cada vez más mujeres huyen de maridos déspotas o imbéciles. La inmensa mayoría de los narcotraficantes, los curas pederastas, los políticos corruptos y los ex ministros de la Suprema Corte vienen de familias con papá y mamá. Hasta el día de hoy no he visto una estadística que indique que los hijos de las familias “diferentes” sean más propensos al crimen.

Y más allá de todo, creo que los derechos de los individuos están por encima de los “derechos de la familia”, si es que existen. Cada uno de nosotros tenemos el derecho de amar a quién se nos de la gana y tenemos además el derecho a tener hijos si queremos. Como seres humanos tenemos el derecho a conformar nuestros núcleos familiares como queramos. Las parejas homosexuales tienen que tener los mismos derechos y obligaciones que las heterosexuales. No son personas diferentes ni alienígenas. El estado está para apoyar a las mujeres que han sido violentadas en su matrimonio, no está para juzgarlas. Y más simple, cuando dos personas deciden simplemente que no quieren estar juntas, están en todo su derecho. La ley así lo marca.

La presencia del oscuro pensamiento vaticano en nuestros políticos, sus discursos sobre sus distorsionados valores, su ceguera ante la realidad, su incapacidad de ver donde está la verdadera bondad, su ceguera ante el amor de un pareja homosexual, de una madre que deja a su marido por el bien de sus hijos, provoca grandes daños a nuestra sociedad. Nuestro voto debe servir para marcarles un alto. No voten por el PAN y la derecha, no sean cómplices del odio disfrazado de amor.

 

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