Manu Chao acaba de lanzar uno de los discos más extraños e interesantes que se han visto en mucho tiempo. Se llama Viva la Colifata, y en él da voz a los locos, o al menos a esos que los supuestamente cuerdos que están a cargo de nuestras sociedades consideran locos. En él incluye las voces y las reflexiones de los internos del hospital psiquiátrico Tiburcio Borda, en Buenos Aires, Argentina.
El disco es una locura. Es como si Michel Foucault hiciera un proyecto con André Breton, el vagabundo que se tira por las mañanas a dos calles de mi casa, el poeta y autor de teatro Bertolt Brecht, el tipo de las películas que se cree Napoleón y, de coro, un montón de enfermos mentales sorprendentemente cuerdos, que parecen ver con más claridad que nadie lo que pasa en el mundo.
“Ves el noticiero y ves que todo es un quilombo. A veces tenés ganas de salir corriendo de acá, pero luego tenés ganas de volver corriendo para acá”, dice uno de los participantes en el proyecto, por ejemplo.
La página de Internet es un verdadero desastre, pero según se entiende el proyecto nació del trabajo con Radio La Colifata, que manda en ondas herzianas lo que piensan los internos del hospital Borda. Lo que sí queda claro es que el disco se puede bajar gratis, que es un esfuerzo que vale la pena apoyar y que se puede donar dinero para apoyarlo.
¡Viva la Colifata!





El gobierno de la ciudad de México impulsa desde hace un año los proyectos de las azoteas verdes, de convertir en jardines los techos de las casas. Aunque apenas ha conseguido reverdecer ocho mil metros cuadrados en hospitales, jardines de niños y dependencias públicas, planea exigir que entre el 15% y el 20% de los edificios recién construidos tengan una instalación como éstas.




