Zurda Siniestra

Ideas sueltas

El Hubble y los choques de galaxias

Jueves, Abril 24th, 2008

La Nasa dio a conocer hoy una de las colecciones de fotografías más impresionantes que se han visto. Se trata de las instantáneas de choques de galaxias que ha captado el telescopio espacial Hubble.

Quien quiera ver las imágenes y una explicación de qué es cada foto, puede entrar en esta página del megatelescopio.

Choque de galaxias captado por el Hubble

Tres asaltantes del cielo: Alain Robert, Adelir Antônio de Carli, Philippe Petit

Martes, Abril 22nd, 2008

Desde siempre, el ser humano ha querido asaltar el cielo. No sólo como en la Comuna de París y las revoluciones, sino subir tan alto como sea posible, gozar del aire y el viento desbocados, sentir la inmensidad de la altura.

Adelir Antonio de Carli, el cura volador

Hay algunos que, por seguir los pasos de Dédalo e Ícaro, se arriesgan a terminar como ellos. Es el caso de Adelir Antonio de Carli, un cura brasileño que logró volar gracias a los mil globos de colores que llevaba atados a la espalda, pero que desapareció ayer mientras atravesaba los cielos.

Aunque no se sabe cuál es su paradero porque se perdió en el aire, es seguro que voló por lo menos siete horas, que vio el mar desde lo alto y que es probable que sobreviviera. Pero todo está en veremos.

Philippe Petit

Hay otros fanáticos de la inmensidad que tienen además la gracia de sobrevivir a sus aventuras. Uno de ellos tiene también la cualidad de ser un estupendo prosista, autor de una obra bellísima, el Tratado de Funambulismo. Se llama Philippe Petit y, como indica su libro, es funambulista, caminante de las alturas.

Petit ha atravesado abismos, unido con sus pasos voladores las Torres Gemelas y las de Notre Dâme de París y un sinfín de edificios y precipicios. Lo hace andando sobre un cable de acero trenzado, y sus espectáculos son de una belleza tal que Paul Auster quedó fascinado con él desde la primera vez que lo vio, en los setenta.

Alain Robert

Hay uno más, que a su peculiar espectáculo siempre le añade un toque político: el Hombre Araña francés, Alain Robert. Se dedica a escalar los edificios más inverosímiles y que parecen más difíciles, sólo con sus manos y un par de utensilios. Lo último que supe de él fue que el 15 de abril escaló un enorme hotel en China para pedir soluciones al cambio climático.

Son tres asaltantes del cielo muy distintos, pero los tres me encantan.

Las calaveras de cristal falsas, o la tragedia de Indiana Jones

Lunes, Abril 21st, 2008

Perdonarán mi ignorancia, pero siempre pensé que aquello de los cráneos de cristal mayas era una leyenda construida por Hollywood y heredada de película en película, hasta llegar a la cinta de Indiana Jones que está por estrenarse.

Hoy sé que son leyenda, porque los análisis de un grupo de científicos mostraron que al menos uno de ellos es falso, pero también sé que no la construyó Hollywood, sino los aventureros de finales del XIX.

El Cráneo de Cristal Maya

La historia es, o más bien era, la que sigue. A finales del siglo antepasado aparecieron en manos de viajeros a Centroamérica y México doce cráneos de cuarzo de una enorme pureza. Estos se los llevaron de vuelta a casa y ahí los dejaron. Uno, de hecho, está expuesto en un museo parisino.

Se supone que los itzas, llegados al nuevo mundo desde una versión maya de la Atlántida, los trajeron a la tierra y los entregaron a los hombres junto con sus conocimientos sobre la ciencia y la magia.

Representaban, según algunos, los doce mundos habitados, aunque la lógica indicaría que hay un treceavo, puesto que la tierra también está habitada y es un mundo. Éste último cráneo, sin embargo, nunca fue encontrado.

Quienes creen la leyenda piensan que, si se alinean en forma correcta las trece piedras y se las pone en la posición adecuada el último día del calendario maya, el 12 de diciembre de 2012, se verían cosas maravillosas, y quien lo hiciera podría parar el mundo o adelantar la noche.

La mala noticia es que, o la leyenda es falsa, o hay más cráneos desaparecidos y no sólo el treceavo, porque por lo menos uno, el que se expone junto al Sena, no es auténtico.

Habrá que esperar hasta el 2012 para averiguar la verdad y rogar que Indiana Jones no haya pasado por todas sus desventuras buscando una piedra que, si bien ha de ser valiosa, no sirve más que para adorno.

Cocteles contra el calor y la pereza

Jueves, Abril 3rd, 2008

Siempre tengo problemas para aceptar que tengo que quedarme en el trabajo las ocho horas que marcan la ley y mi contrato, pero estos problemas se vuelven graves en días como hoy.

Afuera hay un sol esplendoroso y hace un calor húmedo que invita a cualquier cosa menos a trabajar. Dentro de la redacción pasa casi lo mismo, sólo que sin el sol esplendoroso: lo sustituyó una computadora. Sólo ver que durante estas ocho horas debo renunciar al aire libre y cambiarlo por una pantalla me quita toda posibilidad de concentración.

Flor fleur flower

En momentos así me pongo a pensar en lo que haría fuera: tomarme una cervecita con una novela en alguna terraza, o encontrar un lugar con aire acondicionado y estar ahí con más gente sin hacer otra cosa que arreglar el mundo o encontrar todavía más razones para defender a Hugo Sánchez, etc.

Como no puedo hacer nada de eso, me puse a buscar los cocteles que pediría o prepararía si estuviera en esa terracita y quisiera algo más que cerveza.

Confieso que soy ronero. Me cuesta abandonar las cubas libres, pero he encontrado algunas bebidas que logran sacarme de las costumbres alcohólicas.

Una de ellas la preparamos hace poco: el pisco sáuer peruano (también pisco souer o pisco sour). Lleva tres partes de pisco, una de jarabe de azúcar y otra de limón. Se machaca en la licuadora con la mitad de la jarra llena de hielo y, poco antes de apagarla, se le añade una clara de huevo. Cuando la hicimos no entendíamos para qué servía el amargo de Angostura –que además costó un ojo de la cara, comparado con lo que usamos–, pero al probar el coctel descubrimos que es fundamental echarle unas gotitas ya cuando el pisco sáuer está en el vaso. Buenísimo.

Pisco sáuer o pisco sour

Un clásico de clásicos que supongo que prepararemos un día de estos, es la piña colada. No soy gran fan, pero uno siempre se sorprende, así que no descarto la opción. Lleva un cuarto de ron blanco, otro de jarabe de coco (hay quien directamente opta por el Malibú), otro de mangaroca. Lo demás, jugo de piña o gajos de piña, como se prefiera. Se mete todo en la licuadora con hielo y se frapea. Algunas de las recetas que encontré excluyen el mangaroca o agregan agua mineral. De todas, formas, refrescar refresca.

Piña Colada

Para no alargar más y como ya me dio sed, cierro con un coctel mexicano también muy refrescante: la margarita. Lleva 50 cc de tequila, 30 cc de Triple Sec o de Cointreau, según el gusto, otros 30 de jugo de limón. Se mete todo, una vez más, en una licuadora con hielo para frapearlo y luego la mezcla se vierte en una copa de margarita con el borde escarchado con sal.

Margarita cocktail coctel

Vale, ¡salud! Y si alguien conoce otras recetas o quiere sugerir un coctel, se le agradecerá.

Cómo ver las estrellas y saber cuáles son

Miércoles, Marzo 19th, 2008

Cada vez que he visto un cielo lleno de estrellas como los que se ven cuando uno sale de la ciudad y tiene la suerte de que no haya nubes en el cielo ni luces alrededor que las oculten, me prometo que volviendo a la ciudad voy a buscar en Internet algún mapa del cielo que me ayude a saber cuál es cuál.

Después de todo, las estrellas se nos aparecen siempre en libros y películas con descripciones y mitos, pero cuando se nos aparecen en el cielo de verdad nunca he sabido distinguirlas.

Estrellas según Escher

Cuando encuentras un mapa del cielo te topas con sorpresas muy agradables. Una, por ejemplo, son las impresionantes imágenes que se ven en el espacio. Desde las que trae Google Earth hasta las que se encuentran en la Nasa, no dejan de anonadarme.

También hay cosas que se aclaran. Por ejemplo, los nombres de algunos personajes que se reencuentran en el cielo.

Está lo más moderno. Por ejemplo, varios de los personajes de Harry Potter tienen nombre de astros. Syrius Black es uno de ellos. Se llama como la estrella más brillante del firmamento, cerca de la constelación Canis Major. Su prima Bellatrix Lestrange es otra, que tomó su nombre del hombro derecho de Orion. O Casiopea, la tortuga que acompañaba a Momo, que en el cielo es una constelación.

Está también lo más antiguo, obviamente. Los griegos volcaron en el cielo sus mitos y lo llenaron de historias. La Vía Láctea, por ejemplo, es la leche que vertió Hera cuando amamantaba a Hércules, y Venus fue una de sus diosas más importantes.

Y está también lo cotidiano. Paola Capponi, investigadora italiana que la última vez que supe estaba en Sevilla, se ha puesto a documentar los nombres populares de Orión. Descubrió, entre otras cosas, que para muchos, incluso en Occidente, de Orión no cuentan las tres estrellas del cinturón, sino el brazo, que se interpreta como una guadaña que en ciertas latitudes indica el inicio de la cosecha.

Para quien quiera prepararse antes de encontrar un cielo estrellado, hay tres páginas que pueden resultar útiles.

Una primera, Sky Map, tiene imágenes impresionantes pero es difícil ubicarse, porque al menos yo no encontré forma de darle mi localización.

Otra es la de la BBC, muy explicativa y clara, pero poco dinámica y flexible.

Mi favorita, aunque la presentación no es muy impresionante, es la de Fourmilab. Se le dice la latitud y longitud desde la que se va a ver el cielo, se le indica la hora, se le piden los objetos que se quieren ver –la luna y los planetas, objetos espaciales, estrellas, constelaciones– y al pedirle que actualice el mapa se tiene una panorámica perfecta de cómo se verá el cielo la noche deseada.

El delfín solidario y la foca que lo mandó todo al diablo

Miércoles, Marzo 12th, 2008

Hoy, la BBC publicó una de esas noticias bellísimas que cada tanto se cuelan en los periódicos y noticiarios, entre los muertos, los políticos y el desmadre de la economía mundial. Es una de esas historias maravillosas y simples que, al menos a mí, me dan esperanza por el futuro del mundo.

En una playa de Nueva Zelanda, un responsable del Departamento de Conservación del Medio Ambiente y varios bañistas llevaban horas intentando que dos ballenas que habían encallado en un banco de arena, desorientadas y confundidas, volvieran a mar abierto.

A esas alturas de la tarde, tanto víctimas como rescatistas estaban agotados y a punto de darse por vencidos.

Y en eso, apareció el salvador.

Un delfín nariz de botella, nadador tan habitual de esa playa que los lugareños lo llaman “Moko”, se acercó a los dos náufragos, empezó a emitir esos sonidos de los cetáceos que no se sabe si son un idioma o no, y las ballenas decidieron seguirlo alegremente. El recién llegado las guió mar adentro sanas y salvas.

De las ballenas no se volvió a saber nada, pero Moko, como quien no sabe que es una celebridad, sigue visitando la costa de Nueva Zelanda para jugar con los bañistas y mojar a los niños.

Tal parece que la solidaridad es algo más instintivo de lo que pensábamos, que la empatía no sólo es común a los hombres, sino que abarca varias especies, y que la capacidad de comunicarnos para salir adelante la compartimos por lo menos con los delfines y las ballenas.

Leyendo esta historia, recordé una nota que leí hace algunos meses, que también muestra cómo algunas actitudes humanas pueden ser compartidas por otros animales.

Es la historia de Sahara. Sahara es una foca del Ártico que, un día, apareció en la costa de Marruecos. Ahí se quedó cuatro meses, agotada y desnutrida, ya sin pelo, al cuidado de los trabajadores de un zoológico. Cuando recuperó sus fuerzas, como seguía siendo calva, la enviaron a Inglaterra a que la cuidaran y curaran.

En Cornualles, a donde la llevaron, se le diagnosticó hipotiroidismo, se le sometió a una estricta dieta que le devolvió el equilibrio metabólico, se le implantó un sistema de rastreo y la devolvieron al Ártico.

Una foca como Sahara, del tipo Cystophora cristata

 

La sorpresa, sin embargo, fue que por lo visto la foca, del hielo, no quería saber nada. En cuanto pudo, volvió a nadar miles de kilómetros hasta las Islas Canarias. Ahora, según entiendo, se quedó a vivir en el calorcito del trópico, en un santuario para la vida salvaje.

Algunos insisten en que Sahara estaba desorientada, enferma y medio loca. Yo creo que, más bien, se parece a esos canadienses o nórdicos que un día decidieron que estaban hartos de quitar la nieve de sus calles, lo mandaron todo al diablo y se fueron a disfrutar del sol.

Océano Mar y por qué la vida parece menos absurda

Lunes, Marzo 10th, 2008

Hace unos días platicaba con Emiliano de los libros que nos han sacudido en los últimos años y nos pusimos a buscar cómo y hasta dónde marcaron nuestras vidas.

El mío sería Océano Mar, de Alessandro Baricco. Lo primero que me impactó fue la prosa. Nunca había leído nada igual. Baricco hace con las palabras lo que se le pega la gana, y le sale bien. Marca el ritmo del párrafo como quien mueve un verso dos caracteres a la derecha, y administra metáforas y descripciones en las dosis necesarias para sobrecoger al lector y acompañar la historia.

Pero lo que más me impresionó fue lo que hay detrás de cada personaje.

Con Elisewin aprendí que la mejor manera de perder el miedo, los miedos que traemos dentro, es enfrentar el mundo y gozarlo con los demás y por ellos.

Con Bartleboom y Plasson vi que la amistad puede nacer donde uno menos lo espera.

Con Adams quedé fascinado por el peso de las pasiones y las rabias.

Me enamoré perdidamente de Ann Deverià y lo que ocurre con ella me sobrecogió profundamente.

Por el padre Pluche, en fin, supe que la solidaridad y el cariño por los hombres y las cosas puede hacernos la vida un poco menos difícil.

Leyendo las historias de todos ellos –y la lección final de que si ya no es posible bendecir el mar, todavía es posible decirlo– descubrí que, quizás, la vida sea un poco menos absurda, el mundo adquiera un poco de sentido, si construimos en ellos la belleza, la solidaridad y el amor.

En Bodas, un libro que, en muchos aspectos, se parece a Océano Mar, Albert Camus explicaba que frente a las ruinas de Tipasa comprendió “lo que se llama gloria: el derecho a amar sin mesura”.

Algo similar comprendí yo con Océano Mar: en un mundo como el que nos tocó vivir, lo que nos queda es defender estas tres glorias camusinas, estos tres elementos vitales que se descubren en el libro de Baricco.

La belleza, la solidaridad y el amor, después de todo, son lo único que nos queda si queremos vivir un poco mejor.

Palabras de Morelos en la vispera del congreso de Apatzingán retomadas por un mexicano cualquiera la vispera de 2008

Martes, Diciembre 25th, 2007
Quiero que hagamos la declaración de que no hay otra nobleza que la de la virtud, el saber; el patriotismo y la caridad; que todos somos iguales pues del mismo origen procedemos; que no hay abolengo ni privilegios; que no es razonable, ni humano, ni debido, que haya esclavos, pues el color de la cara no cambia el del corazón ni el del pensamiento; que se eduque a los hijos del labrador y del barretero como a los del más rico hacendado y dueño de minas; que todo el que se queje con justicia tenga un tribunal que le escuche, le ampare y le defienda contra el fuerte y el arbitrario; que se declare que lo nuestro ya es nuestro y para provecho de nuestros hijos; que tengamos fe, una causa y una bandera bajo la cual todos juremos morir antes que ver nuestra tierra oprimida como lo está la hora, y que cuando ya sea libre, estemos siempre listos a defender con nuestra sangre toda esa libertad preciosa.

Estas palabras le dijo José María Morelos a Andrés Quintana Roo en la víspera del congreso de Apatzingán.

A pesar de que México, casi doscientos años después, está muy lejos del sueño de Morelos, quizá leer sus palabras nos obligue a recordar que tenemos un México pendiente por construir.

Que ese sea nuestro propósito de años nuevo.

¿Por qué leer?

Lunes, Octubre 29th, 2007

Más allá de las encuestas, México es un país en el que se lee poco. ¿Eso debería preocuparnos? Sí. La lectura es la mejor forma no sólo de aprender, también de entender el mundo, nuestro país y a nosotros mismos.

La semana pasada asistí por primera vez a un taller de lectores que organizó mi querida amiga Alexandra. De ahí nace esta entrada del blog, explicar porqué me gusta leer y porqué creo que es para una persona muy importante ser lectora.

Una definición antes de continuar: Lector, en sí, es cualquiera que lee. Yo por lector me refiero a la persona que tiene el habito de la lectura. Que lee libros, no sólo periódicos, revistas o en internet. Que lee literatura, lo máximo en la escritura, y por tanto de la lectura.

A sí que estas son mis recomendaciones a cualquiera de porqué ser un lector:

Leer es divertido 

Yo, un hedonista, no leería si leer no fuera sumamente divertido. Pocas cosas atraen tanto al ser humano como el escuchar historias. Desde que el ser humano se juntaba alrededor de la fogata, o alrededor de la cafetera en las oficinas, no encanta oír las historias de los demás. Y las historias mejor contadas están en los libros.

Leer te ayuda a entender el mundo y a entenderte a ti mismo

Los libros nos enseñan que el mundo existe más allá de nosotros. Existen diferentes países, diferentes culturas, diferentes formas de entender el mundo. Pero también nos enseña que los seres humanos somos más iguales de lo que imaginamos: en Rusia se enamoran, en Francia un hijo ama a su madre o en China un amante despechado mata a su esposa. La literatura es un espejo del mundo, y al vernos en espejo, nos entendemos mejor a nosotros mismos.

Leer nos hace libres

Cuando leemos nos damos cuenta que ha habido millones de seres humanos, que de una forma o de otra, han tenido que tomar decisiones como nosotros. Ver eso, nos ayuda a nosotros decidir. Si te entra una etapa nihilista, no vayas a matar a una vieja usurera. Al leer aprendes que nunca hay una sólo opción, como los personajes, siempre, siempre podemos girar hacia otro lado.

Leer te hace más inteligente

Muy simple: la lectura es un proceso de decodificación, primero de símbolos, que se vuelven conceptos, que después se convierten en ideas. Ese simple esfuerzo te pone la cabeza a funcionar. Si yo a los doce años hubiera abierto Los hermanos Karamazov, no hubiera entendido nada. Tuve que leer mucho para poder llegar a la obra cumbre Dostoievsky. Y es más, cada vez que la vuelvo a leer encuentro cosas nuevas, porque cada día aprendo a leer mejor. Ese aprendizaje literario sirve para entender mejor tu vida y tu entorno, aprendes, por decirlo de alguna forma, a leer el mundo.

Leer hace que tu mundo sea mucho más grande

A mi jamás me ha cruzado por la cabeza tener una relación amorosa con una niña de doce años. Miento… a los doce o trece años seguramente sí, pero desde entonces no. ¿Cómo podría yo entender el deseo de un paidófilo sin la ayuda de Vladimir Nabokov? ¿Que sabría yo de estar en un campo de batalla sin Tolstoi o Stendhal? Gracias a los escritores he vivido millones de cosas que no he vivido.

Pues hasta ahí, si se me ocurren otras razones ya las postearé. Si tú, mi estimado lector, tienes alguna, escríbela en los comentarios.