Primero me sorprendió, pero después caí en la cuenta: ¿cómo a alguien que no conoce el punto y aparte va a gustarle un sistema que obliga a la síntesis? Y es que al escritor portugués José Saramago no le gusta Twitter.
En una entrevista que acaba de darle al diario brasileño O Globo, dijo que en Internet hay poco lugar para la esperanza, y en el sistema de microblogging, menos. “Los dichosos 140 caracteres reflejan algo que ya conocíamos: una tendencia hacia el monosílabo como forma de comunicación. Peldaño a peldaño, descendemos hacia el gruñido“.
Saramago tampoco se hace ilusiones sobre Internet. Ni es el espacio democrático que se prometió -”ningún lugar lo es”, dijo- ni “llegó para salvar el mundo”. Sin embargo, parece haberle adquirido cierto gusto a bloggear. No sólo mantiene un blog propio, sino que está por publicar en español un compendio de sus posts, que en portugués apareció ya. El blog no tiene links a ningún lado ni admite comentarios.
De Internet, según dijo, apenas usa Google y no consulta nada más. “Muchas transformaciones tendrían que darse – y no veo cómo ni cuáles – para que Internet ocupase un lugar en el quehacer literario“.
Como cada vez que leo alguna opinión suya y a mi boca sube ese regusto amargo que me queda después de toparme con una de sus declaraciones, me pregunto si de verdad fue él quien escribió, por ejemplo, La flor más grande del mundo, que pese a todo deja espacio para la esperanza.
Eso sí me sorprende: ¿cómo puede seguir escribiendo si el mundo es tan horrible como dice?
Vía @IngridBee






