El gobierno de la ciudad de México impulsa desde hace un año los proyectos de las azoteas verdes, de convertir en jardines los techos de las casas. Aunque apenas ha conseguido reverdecer ocho mil metros cuadrados en hospitales, jardines de niños y dependencias públicas, planea exigir que entre el 15% y el 20% de los edificios recién construidos tengan una instalación como éstas.
Las ventajas, dicen quienes trabajan junto a ellas, son varias. “Tener contacto directo o visual con un área verde ayuda muchísimo a la recuperación de los pacientes”, dijo la directora del proyecto, Tania Müller, a Tierramérica, sobre lo que había pasado en un hospital de Iztapalapa con azotea “naturada.
Y sí: entre azomarse por la ventana y ver el imperbeabilizante rojo desconchado que cubre los techos de la ciudad, y ver flores y plantas, prefiero las plantas, aunque los bichos no me hagan tanta gracia.
Las azoteas verdes no son la única opción. El arquitecto Fernando Ortiz Monasterio, por ejemplo, impulsa y construye proyectos similares, pero verticales, que cuelgan de las paredes. Según explicó, “en los años 60 surgío la posibilidad de plantar no en tierra, sino en substratos textiles” que se pueden colgar sobre las paredes.
La primera vez que vi una de ésas paredes fue en el Centro Histórico del DF, entrando por Madero. De pronto, dimos vuelta a la izquierda y nos saludó un jardín que se tenía de pie. Es bellísimo, y le da a las ciudades un aire mucho más vivible y acogedor que el que tienen de otra forma.
Si alguien quiere montar una azotea, en el DF hay una ONG que da cursos y ofrece los materiales necesarios para lograrlo. Se puede ver aquí.








