Zurda Siniestra

Medio ambiente

Las guerrillas jardineras

Miércoles, Abril 30th, 2008

En Londres y otras ciudades del mundo está creciendo un movimiento que valdría importar a las ciudades latinoamericanas: las guerrillas jardineras.

Un comando guerrillero

Se dedican a encontrar pedazos de tierra abandonada y plantar ahí plantas, flores y pasto. Si se presta, algún árbol. Deben ser especies resistentes al frío, los peatones y los perros y no necesitar cuidados excesivos: se trata de que duren.

La idea me encanta no sólo por lo genial que sería devolver a la ciudad de México, por ejemplo, su carácter de región más transparente, en la que se volviera a respirar con ganas y no con resignación ante el smog del aire.

Me parece maravillosa porque estos guerrilleros botánicos están haciendo algo que nos hace mucha falta y que a veces olvidamos: la recuperación de las ciudades para los ciudadanos empieza por lo más cercano, por lo más obvio y cotidiano.

Reverdecer un trozo de jardín público terregoso y olvidado puede ser el primer paso para reconstruir el tejido social de las grandes urbes que habitamos. Devolverle las flores al parque de la esquina podría ser el principio del camino de vuelta a esa ciudad que ya no estará ni deshecha, ni gris, ni monstruosa.

El calamar gigante de Nueva Zelanda, o el sueño del capitán Nemo

Martes, Abril 29th, 2008

Hace 140 años casi exactos, un 20 de abril de 1868, un cardumen de calamares gigantes atacó el Nautilus y logró cobrarse la vida de uno de los marineros del capitán Nemo. Apunto estuvo, de hecho, de matar también a Ned Land.

Ahora, como si la vida le rindiera homenaje, al borde del aniversario de que las ganas de ese navegante entrañable y extraño por tomar a un primo del kraken de trofeo casi le costaran la nave, comenzó la disección del ejemplar de calamar ya no gigante, sino colosal, más completo que se ha encontrado nunca.

Casi todos los ejemplares que se han hallado estaban ya muertos, en pleno proceso de podredumbre, destrozados por bestias carroñeras y corrientes. Éste no. Está casi intacto. Se lo encontró un barco pesquero en Nueva Zelanda comiéndose a una de las presas que mordieron sus anzuelos. Y el museo de Te Papa lo va a disectar.

Aquí se puede ver el proceso, si alguien se siente el capitán Nemo o tiene dotes de anatomista o zoólogo. Yo, por mi parte, me conformo con la foto y con pensar que, después de todo, el sueño del Nautilus se hizo realidad.

El calamar gigante de Nueva Zelanda

El Hubble y los choques de galaxias

Jueves, Abril 24th, 2008

La Nasa dio a conocer hoy una de las colecciones de fotografías más impresionantes que se han visto. Se trata de las instantáneas de choques de galaxias que ha captado el telescopio espacial Hubble.

Quien quiera ver las imágenes y una explicación de qué es cada foto, puede entrar en esta página del megatelescopio.

Choque de galaxias captado por el Hubble

Cómo ver las estrellas y saber cuáles son

Miércoles, Marzo 19th, 2008

Cada vez que he visto un cielo lleno de estrellas como los que se ven cuando uno sale de la ciudad y tiene la suerte de que no haya nubes en el cielo ni luces alrededor que las oculten, me prometo que volviendo a la ciudad voy a buscar en Internet algún mapa del cielo que me ayude a saber cuál es cuál.

Después de todo, las estrellas se nos aparecen siempre en libros y películas con descripciones y mitos, pero cuando se nos aparecen en el cielo de verdad nunca he sabido distinguirlas.

Estrellas según Escher

Cuando encuentras un mapa del cielo te topas con sorpresas muy agradables. Una, por ejemplo, son las impresionantes imágenes que se ven en el espacio. Desde las que trae Google Earth hasta las que se encuentran en la Nasa, no dejan de anonadarme.

También hay cosas que se aclaran. Por ejemplo, los nombres de algunos personajes que se reencuentran en el cielo.

Está lo más moderno. Por ejemplo, varios de los personajes de Harry Potter tienen nombre de astros. Syrius Black es uno de ellos. Se llama como la estrella más brillante del firmamento, cerca de la constelación Canis Major. Su prima Bellatrix Lestrange es otra, que tomó su nombre del hombro derecho de Orion. O Casiopea, la tortuga que acompañaba a Momo, que en el cielo es una constelación.

Está también lo más antiguo, obviamente. Los griegos volcaron en el cielo sus mitos y lo llenaron de historias. La Vía Láctea, por ejemplo, es la leche que vertió Hera cuando amamantaba a Hércules, y Venus fue una de sus diosas más importantes.

Y está también lo cotidiano. Paola Capponi, investigadora italiana que la última vez que supe estaba en Sevilla, se ha puesto a documentar los nombres populares de Orión. Descubrió, entre otras cosas, que para muchos, incluso en Occidente, de Orión no cuentan las tres estrellas del cinturón, sino el brazo, que se interpreta como una guadaña que en ciertas latitudes indica el inicio de la cosecha.

Para quien quiera prepararse antes de encontrar un cielo estrellado, hay tres páginas que pueden resultar útiles.

Una primera, Sky Map, tiene imágenes impresionantes pero es difícil ubicarse, porque al menos yo no encontré forma de darle mi localización.

Otra es la de la BBC, muy explicativa y clara, pero poco dinámica y flexible.

Mi favorita, aunque la presentación no es muy impresionante, es la de Fourmilab. Se le dice la latitud y longitud desde la que se va a ver el cielo, se le indica la hora, se le piden los objetos que se quieren ver –la luna y los planetas, objetos espaciales, estrellas, constelaciones– y al pedirle que actualice el mapa se tiene una panorámica perfecta de cómo se verá el cielo la noche deseada.

El delfín solidario y la foca que lo mandó todo al diablo

Miércoles, Marzo 12th, 2008

Hoy, la BBC publicó una de esas noticias bellísimas que cada tanto se cuelan en los periódicos y noticiarios, entre los muertos, los políticos y el desmadre de la economía mundial. Es una de esas historias maravillosas y simples que, al menos a mí, me dan esperanza por el futuro del mundo.

En una playa de Nueva Zelanda, un responsable del Departamento de Conservación del Medio Ambiente y varios bañistas llevaban horas intentando que dos ballenas que habían encallado en un banco de arena, desorientadas y confundidas, volvieran a mar abierto.

A esas alturas de la tarde, tanto víctimas como rescatistas estaban agotados y a punto de darse por vencidos.

Y en eso, apareció el salvador.

Un delfín nariz de botella, nadador tan habitual de esa playa que los lugareños lo llaman “Moko”, se acercó a los dos náufragos, empezó a emitir esos sonidos de los cetáceos que no se sabe si son un idioma o no, y las ballenas decidieron seguirlo alegremente. El recién llegado las guió mar adentro sanas y salvas.

De las ballenas no se volvió a saber nada, pero Moko, como quien no sabe que es una celebridad, sigue visitando la costa de Nueva Zelanda para jugar con los bañistas y mojar a los niños.

Tal parece que la solidaridad es algo más instintivo de lo que pensábamos, que la empatía no sólo es común a los hombres, sino que abarca varias especies, y que la capacidad de comunicarnos para salir adelante la compartimos por lo menos con los delfines y las ballenas.

Leyendo esta historia, recordé una nota que leí hace algunos meses, que también muestra cómo algunas actitudes humanas pueden ser compartidas por otros animales.

Es la historia de Sahara. Sahara es una foca del Ártico que, un día, apareció en la costa de Marruecos. Ahí se quedó cuatro meses, agotada y desnutrida, ya sin pelo, al cuidado de los trabajadores de un zoológico. Cuando recuperó sus fuerzas, como seguía siendo calva, la enviaron a Inglaterra a que la cuidaran y curaran.

En Cornualles, a donde la llevaron, se le diagnosticó hipotiroidismo, se le sometió a una estricta dieta que le devolvió el equilibrio metabólico, se le implantó un sistema de rastreo y la devolvieron al Ártico.

Una foca como Sahara, del tipo Cystophora cristata

 

La sorpresa, sin embargo, fue que por lo visto la foca, del hielo, no quería saber nada. En cuanto pudo, volvió a nadar miles de kilómetros hasta las Islas Canarias. Ahora, según entiendo, se quedó a vivir en el calorcito del trópico, en un santuario para la vida salvaje.

Algunos insisten en que Sahara estaba desorientada, enferma y medio loca. Yo creo que, más bien, se parece a esos canadienses o nórdicos que un día decidieron que estaban hartos de quitar la nieve de sus calles, lo mandaron todo al diablo y se fueron a disfrutar del sol.