Creo que por fortuna, de los primeros cuatro bestsellers recientes que me vienen a la mente hay por lo menos tres que están bien escritos y que vale la pena leer. Odié El Código da Vinci con toda mi alma, pero la saga de Harry Potter me atrapó, y todo mundo me dice que La Catedral del Mar es una buena novela con mucho rigor histórico. El último de estos fenómenos de superventas, de hecho, me pareció fascinante y sigo esperando que llegue a México la tercera entrega. Hablo de la serie Millenium, del sueco Stieg Larsson.

Larsson junta -o juntaba, porque murió justo después de entregar la tercera novela de la saga- todas las virtudes de un buen escritor de novela policiaca: desde el principio atrapa al lector y no lo suelta, sabe sorprender a cada paso y construir personajes complejos, que salen de lo cotidiano. Quizá sea esa la razón de la popularidad que ha adquirido la co-protagonista de las novelas, Lisbeth Salander: Larsson echó luz sobre un personajes fascinante que suele estar en las sombras.
Ése es, de hecho, uno de los ingredientes más importantes de la literatura negra, desde el cómic hasta la narrativa, y el que la hace más relevante: pone en primer plano lo que las sociedades escondieron bajo la alfombra; recuerda a los lectores lo que era obvio y no querían ver, y rechaza los altos contrastes y maniqueísmos con los que nos gusta conformarnos, rescatando las sombras y detalles que preferíamos olvidar.
Slate publicó la semana pasada un artículo muy bueno sobre el éxito que los nórdicos han tenido últimamente en las librerías, sobre todo escribiendo novela policiaca. “Lo que distingue estos libros no es algún elemento de truculencia nórdica, sino su evocación de una tranquilidad casi sublime”, dice Nathaniel Rich en el texto. Creo que sí, pero hay otra cosa: estas novelas vuelven a ser el espejo de la sociedad, un espejo que no da margen para hacerse tonto, que obliga a estas sociedades casi idílicas a recordar que todavía hay demasiada crueldad oculta.
Eso, y que, bueno, sencillamente son narradores excepcionales a los que no se puede soltar de ninguna manera.


