Sergio Vela, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, está metido en serios problemas por sus gastos de viajes. Los medios el fin de semana publicaron las cifras de lo que gastó el señor Vela en 2007 por nueve viajes internacionales: 571 mil pesos.
Mucho dinero para un año sin logros del gobierno federal en materia cultural.
Pero lo que más me sorprende de este hombre tan viajador es su prepotencia al tomar los micrófonos para explicar sus gatos de viaje. Lo menos que podría reconocer es que está gastando en exceso, que un boleto de doce mil pesos ida y vuelta a Monterrey es un absurdo, que gastarse 126 mil pesos en un viaje de ocho días a Madrid y París es ridículo. Ya no le pidamos reconocer que su trabajo al frente de Conaculta ha sido absolutamente gris. Pero no, no reconoce nada y se enoja con los periodistas que le exigen cuentas. Cuando Denise Maerker ayer le preguntaba si no le parecía poco ético gastar en viajes como lo hace, indignado contestó que para él no existía más ética que la norma. Si los mexicanos tenemos que pagar tres mil dolares para que Sergio Vela vea el Rey Lear en Nueva York y eso se ajusta a la norma, qué importa la ética.
El tipo se cree parido por Wagner, cree que los mexicanos no nos los merecemos. Hoy leía que se siente muy orgulloso de haberle marcado a la delegada de Miguel Hidalgo para interceder, desde su puesto, por su novia la señora Martha Ortiz, hija de la pésima pintora Martha Chapa, respecto a la apertura de un restaurante. Según él eso no es tráfico de influencias, simplemente una muestra de apoyo y amor, de caballerosidad.
En fin, a la derecha la cultura le vale un sorbete, por eso un Sergio Vela puede ser presidente de Conaculta. Es una lástima.
