Hay cosas en este país que de dramáticas dan risa.
El CISEN, Centro de Investigación y Seguridad Nacional, es la oficina del Gobierno de México dedicada al espionaje. Ellos, al ser una oficina de “inteligencia” se comparan con la CIA norteamericana, el MI5 de Gran Bretaña y el Centro Nacional de Inteligencia Español.

La oficina de “inteligencia” mexicana es famosa por perseguir e investigar a políticos y líderes sociales, más que por sus logros contra el narcotráfico, tráfico de armas o lavado de dinero, problemas reales de la seguridad nacional de éste país. Así era en las épocas del PRI y no cambió con el PAN.
Haciendo uso de nuevos métodos de “inteligencia”, el CISEN contrató a una empresa mexicana para espiar al congreso. Les pagaron un millón de pesos. Dicen que lo hicieron para poder brindarle al presidente información de lo que sucede en las cámaras en México, dicen que es su obligación, sin embargo en la Ley de Seguridad Nacional, que rige los trabajos del CISEN, nunca marca entre las atribuciones del centro espiar a congresistas mexicanos ni mucho menos. Pero bueno, esa es la ley, y el PAN no se caracteriza por respetarla.
La Comisión Permanente del Congreso de la Unión votó a favor una iniciativa pidiéndole al presidente de la República la renuncia del director del CISEN. La Secretaría de Gobernación, de quien depende el CISEN, inmeditátamente respondió que nones, que no lo sacarían. ¿Pero porqué están molestos los diputados y senadores?
Por un lado no les gusta que los espíen, y Manlio Fabio Beltrones, senador del PRI, dice que lo espiaron. Tampoco les gusta que les vean la cara de pendejos, como a ninguno de nosotros. Laura Ballesteros, la directora de la empresa encargada de investigar al congreso, les mandó hace meses una carta a diputados y senadores, haciéndose pasar por una investigadora que estaba escribiendo un libro para el Fondo de Cultura Económica, pidiéndoles información. Por supuesto el libro no existe, fue una mentira no más.
¿Es grave que una empresa que contrata el CISEN les mienta a los senadores y diputados para obtener información de ellos? Es grave y es de risa.
Pero lo mejor, o lo peor, es la respuesta de Guillermo Valdés, jefe de la “inteligencia” mexicana. Contesta que el “no investiga” a las empresas que contrata. El señor sólo investiga a los políticos de oposición porque algo ocultan, nunca a las empresas a las que les pagan por espiar a los políticos de oposición. Por eso el que esa empresa trabajara para el equipo de Felipe Calderón durante la campaña y la transición, además de que tuviera por demás sospechosos vínculos con varios líderes del PAN, es algo que según Guillermo Valdés “no sabia”. ¿Pero por qué tendría que saberlo? Esa no es su función. En una de esas contrata a una filial del EPR para espiar.
Apuesto 10 contra 1 que Guillermo Valdés no renunciará ni lo correran, ni por la “inteligencia” de sus declaraciones, ni por espiar a diputados ni senadores, ni por tráfico de influencias al contratar a compañías ligadas al PAN. A sus jefes, Felipe Calderón y Juan Camilo Mouriño, eso de las leyes y la ética, los tienen sin cuidado. Si no despidieron al Secretario de Gobernación por hacer negocios con Pemex siendo funcionario publico, porqué lo correrían a él.
Tampoco la “inteligencia” es algo que le preocupe a los panistas. Con Vicente Fox lo demostraron de sobra.
