La visión de Diego Valadés del caso Mouriño
Jueves, Abril 10th, 2008Diego Valadés, uno de nuestros más brillantes abogados, escribe hoy en su columna de El Universal sobre la moral y la ética de los gobernantes, en referencia obvia al caso Mouriño.
Así empieza el artículo de Diego Valadés:
En 1715, un ministro inglés rechazó la posibilidad de que el Parlamento ejerciera controles políticos sobre el gabinete, aduciendo que “sería un mal precedente”; transcurrieron algunas décadas y en 1782 el Parlamento censuró al primer ministro North, quien abandonó el cargo; al año siguiente el censurado fue Pitt, pero decidió mantenerse en el puesto. Ahora estos asuntos se discuten desde otra perspectiva. “Quien un día quebranta la moral, otro día violará la ley”, dijo el constitucionalista Dicey en el siglo XIX. A partir de esta premisa, los británicos consideran que la moral constitucional es tan relevante como las normas mismas, y los ministros ya no esperan siquiera a ser censurados: se van en cuanto se cuestiona su idoneidad ética.
En muchos sistemas constitucionales se tiende a reaccionar de manera análoga. Por ejemplo, la semana pasada renunciaron el secretario de Vivienda de Estados Unidos y el primer ministro de Irlanda, porque les fueron atribuidos actos deshonestos. No aceptaron su culpa, pero ofrecieron esclarecer los hechos sin comprometer el ejercicio de las responsabilidades que desempeñaban.
En México, nuestros gobernantes no profesan esos principios. Aquí los funcionarios se aferran al poder sin importar las consecuencias. Por eso los sucesivos empeños para superar la corrupción han concluido en otros tantos fracasos. El peor descalabro sobrevendrá cuando nos declaremos vencidos para siempre y aceptemos que nuestra inmoralidad es idiosincrásica.
¿Es el mexicano un pueblo corrupto? ¿O por qué solapamos y no marcamos un alto a la corrupción de la clase política? Al menos pareciera que los actos, como los de Mouriño, no nos parecen tan mal. Recuerdo que los medios y sus periodistas le reclamaron más al secretario de Gobernación su impericia para manejar el asunto desde un punto de vista político, que recriminandole su artero acto de corrupción.
Pero no queda sólo en la derecha, la izquierda nunca levantó la voz contra la confidencialidad impuesta por López Obrador a los contratos del segundo piso del Periférico, documentos que serían públicos en cualquier país medianamente democrático, donde el pueblo exigiera a sus políticos transparencia y ética.
¿O es que acaso ya nos dimos por vencidos? Ojalá y no.
Artículo completo de Diego Valadés en El Universal




