Los Fusilamientos del 3 de Mayo, o la fuerza de la imagen y la palabra
Lunes, Mayo 5th, 2008Un tres de mayo de hace doscientos años, ocurrió una tragedia como muchas que la humanidad ha visto, pero con una diferencia. En este caso, había un testigo incomparable que lograría, con el óleo y el pincel, que todos fuéramos también testigos. Su nombre era Francisco de Goya y la desgracia que vio fueron los fusilamientos del 3 de mayo.
La obra de Goya me ha fascinado siempre. Los trazos gruesos que sin embargo no pierden detalle, la fuerza de las expresiones, el manejo de la luz. Todo me impresiona. Desde las pinturas de corte hasta las más expresionistas, todo tiene fuerza, todo tiene la luz correcta.
Lo que más me gusta de Goya, sin embargo, son esas pinturas que muestran, que denuncian lo peor del hombre, y que se complementan siempre con una frase, con un título muy descriptivo. Al hacerlo, Goya permite romper con la ambigüedad de la imagen, haciendo concreto el mensaje sin cerrar su fuerza metafórica.
Goya, también, está haciendo que el torturado, el fusilado, el deforme que retrató en la obra nos quede más cerca a los espectadores. Si en la fotografía de guerra o en la pintura expresionista las víctimas se suceden unas tras otras y al drama concreto y cotidiano lo desplaza, en la mente del espectador, un drama metafórico y aséptico, con el maestro español no hay huida posible.
“Los muertos de los Fusilamientos del 3 de mayo no son abstractos”, parece decirnos: son muertos muy concretos, que de metafórico no tienen nada y lo tienen todo de real.
Lo que logra es quitar la anestesia que generaliza la violencia hasta diluir a sus culpables, y la sustituye con la compasión, con la empatía, con la solidaridad. “Éste fusilado es tan concreto como tú, y lo que le pasa a él, lo que les pasa a ellos, podría ser tu misma suerte”, gritan sus trazos.




