Claudio Fava, eurodiputado socialista italiano, dijo:
“Europa tiene miedo, este es un día triste. No se puede actuar de una manera tan drástica con los inmigrantes. La Unión argumenta que es para atacar el crimen organizado, la delincuencia, para que Europa esté más segura, pero no se puede generalizar, sencillamente no se puede. Es una humillación, estamos creando una categoría inferior de seres humanos”.
Hace referencia al nuevo proyecto de directiva de retorno de inmigrantes ilegales, aprobado por el Parlamento Europeo el pasado 18 de junio. En dicha directiva se prevé detener hasta por un máximo de 18 meses a los inmigrantes ilegales que sean detenidos. Vamos, ni en Estados Unidos. Otro punto polémico es que los menores de edad no tienen que ser expulsados, forzosamente, a sus países de origen.
Icíar Ruiz Jiménez, presidenta de Amnistía Internacional en España, dice de la nueva ley
“Es el peor de los escenarios posibles para los derechos humanos de los inmigrantes, es una directiva que ha consagrado finalmente un claro recorte de los derechos de los inmigrantes. Realmente hoy es un día muy triste para Europa, y AI quiere recordar que el derecho de los Estados de controlar la inmigración no puede ser a costa de los derechos humanos”.
Europa se ha olvidado de su historia, pero lo que más me ha sorprendido de esta historia es que José Luis Rodríguez Zapatero, quien durante su campaña se comprometió a apoyar a los inmigrantes, quien incluso al principio de su gobierno legalizo a 600 mil de estos, ahora es uno de los principales promotores de esta directiva.
El colmo es la siguiente declaración del eurodiputado derechista Manfred Weber, quien al preguntarle porque no habían sido tomadas en cuenta las posiciones de la izquierda, responzabilizó directamente al gobierno español:
Pregúntele al ministro de Interior español (Alfredo Pérez Rubalcaba). Queríamos adoptar una posición más progresista, pero en el Consejo de los Gobiernos dijeron que tenían muchos problemas para aceptarlo. No es justo que los socialistas expresen muy buenos deseos en el Parlamento y luego los gobiernos socialistas hagan una presión muy fuerte en el Consejo para endurecer la directiva.
Increíble la doble moral de los socialistas españoles.






