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Un tal Manuel Salgado Cuevas nos viene a dar clases de moral

Miércoles, Marzo 4th, 2009

Manuel Salgado Cuevas es director general de Secundarias Técnicas de la SEP. No sé quién sea, pero me preocupa. Dijo el otro día, representando a Josefina Vázquez Mota:

Hoy es fácil que se desintegre el núcleo familiar por muchas razones y, al mismo tiempo, que se reconozcan y se toleren con gran facilidad y sin fundamento otras formas de unión, con las consecuencias graves en el plano educativo: el abandono de menores, las convivencias impuestas y las violencias intrafamiliares.

Lo que plantea el funcionario público es que no se deben reconocer, pero más grave aún, tolerar, toda forma de familia que no sea la que determina la iglesia católica. Esta visión del siglo XVII no va acorde ni con la constitución de la República, ni con los valores de la sociedad mexicana moderna. Es una visión repugnante, del catolicismo más ramplón y vulgar y que ofende a muchísimas familias mexicanas que no están conformadas por papá, mamá, hijos y perro.

Es una vergüenza que en México tengamos funcionarios públicos así, y más en el área de la educación. Que se atreven a utilizar argumentos tan estúpidos como ese de que la desintegración familiar causa violencia doméstica, cuando es justo al revés, la violencia doméstica es la que provoca que las mujeres tengan que dejar a sus maridos.

¿Quién es el tarado de Manuel Salgado Cuevas para venir a decir lo que es tolerable y lo que no en la sociedad mexicana? Lo que yo pienso que ya no es tolerable son los funcionarios públicos estúpidos que anteponen sus ideas católicas y pervesas a su obligación ante la sociedad.

(Pero lo pero es que hay muchos mexicanos de familias “intolerablemente desintegradas” que votan por el PAN, pero bueno, hay gente muy pendeja)

Fuente: Milenio

El anacronismo de la anacronía

Miércoles, Enero 21st, 2009

El cardenal Bertone, secretario de Estado del Vaticano, pidió superar “el viejo concepto de laicismo” en tierras queretanas. Y eso, mientras otros pedimos superar “el viejo concepto de dios”.

Pero vámonos por partes, ¿cuál de los dos “conceptos” es más viejo? El hombre a inventado dioses desde que tenemos un recuento de su existencia gracias a la historia. En cambio, la idea del laicismo moderno viene del siglo XVII. Partiendo de esto nos podemos dar cuenta fácilmente cuál de las dos ideas es más anacrónica.

Pero eso no es lo importante en esta historia. Lo que quiere el Cardenal es que en las escuelas se den clases de religión. Dado que las clases de catequismo en las iglesias han de estar vacias, busca formas de llevar a los niños al bien. Yo digo que bajo ninguna circunstancia. Los curas deben estar lejos de las escuelas. Si fuera por mí, incluso prohibiría la existencia de escuelas privadas con curas.

Los católicos les enseñan a los niños a ser intolerantes contra los homosexuales.

Los católicos les van a decir a los hijos de madres solteras que su familia es una basura, que carecen de valores y que ellos acabarán siendo criminales.

Los católicos cuando piensan en clases de religión, por supuesto piensan en la católica. Los demás niños son o unos ateos sarnosos o veneradores de ídolos.

Los católicos ocultarían a los maestros de religión pederastras.

Los católicos les dirían que eso de la evolución son pamplinas, la verdad es que todos venimos de Adán y Eva.

Les dirián que la Biblia es el mejor libro de todos, cuando está llena de malas historias mal contadas.

Les enseñarían que la culpa es un valor, que las mujeres son de segunda clase, que los judios mataron a su dios, que la sabiduría del papa es infinita e incuestionable, que los cristeros eran unos santos, que Juárez es el demonio, que la virginidad es trascendental para las niñas bien, que las que cojen son como coches viejos, que los condones son malos, que el aborto es un pasaporte directo al infierno, y un largo etcétera de aberraciones.

Si a ustedes se les ocurren algunas aberraciones para ese largo etcétera, para eso están los comentarios.

Por lo pronto los dejo con la imagen de Fray Felipe Calderón diciéndole a todas esas madres mexicanas que sacan con su esfuerzo a sus hijos, que estos acabarán siendo unos delincuentes. Así o más pendejo nuestro presidente…

La secta rusa de Kuznetsov: cómo el mundo real devolvió a los fanáticos algo de cordura

Viernes, Mayo 16th, 2008

Hay veces –pocas, por desgracia– en que la realidad termina por vencer al fanatismo y la estupidez. Es lo que le pasó a una secta rusa de ortodoxos apocalípticos, la del autoproclamado profeta Piotr Kuznetsov, que se refugió en una cueva a esperar el fin del mundo y terminó saliendo a la luz por el hedor en que vivían.

La cueva donde se encerraron

En noviembre de 2007, 29 seguidores de Kuznetsov, entre ellos las madres de cuatro niños, que se llevaron a los pequeños con ellas, excavaron un túnel y, convencidos de que el fin del mundo ocurriría en algún momento de mayo del 2008, se encerraron en la cueva.

No sólo pensaban que así tendrían la salvación después del fin del mundo, sino que el día del Juicio Final serían ellos quienes juzgaran a los demás –con la asistencia, obviamente, de San Pedro.

El fanatismo de quienes se quedaron adentro llegó al extremo de que aún cuando el propio profeta Kuznetsov habló con ellos en marzo pasado, sólo logró convencerlos de que salieran las mujeres y los niños. No fue gratuito que Kuznetsov fuera a hablar con ellos: fue arrestado por incitar la violencia y llevado ante un psiquiatra que, aparentemente, lo hizo entrar en razón.

Ahora, los últimos miembros de la secta dejaron el lugar, asqueados por el olor a humedad y encierro y por la peste que desprendían los cadáveres de dos compañeros que murieron esperando el fin del mundo.

En este caso, el mundo real obligó a los fanáticos a desistir del suicidio y la locura, así como la policía logró forzar a Kuznetsov a recuperar un poco de cordura.

Ojalá lo mismo pudiera pasar con tantos miles de fanáticos que, enloquecidos por la pobreza o sus propias frustraciones, oprimen al diferente, matan a quien la iluminación les indicó como el enemigo y mutilan a sus hermanos.

Ojalá que la realidad se imponga sobre todos los fanatismos.

Pánico de la Semana Santa

Miércoles, Marzo 19th, 2008

La Semana Santa, o más bien los festejos religiosos de Semana Santa, porque lo de las vacaciones me parece genial, me dan verdadero pánico. Me da pánico que es cuando sale lo más oscuro de la iglesia católica, de por sí oscura.

Capirotes en Semana Santa

Pánico de ver la cantidad de fanáticos religiosos que hay en el mundo.

Pánico de ver cómo saca lo peor del ser humano: el sadismo de muchos curas, el masoquismo de muchos fieles, la intolerancia de demasiados creyentes.

Vengo de una familia atea y convencida de que dos cosas fundamentales para que el planeta sea más habitable son el respeto a los demás y la conciencia de que de los demás tenemos mucho que aprender.

Cuando mi hermano y yo, todavía muy niños, nos burlamos de que unas vecinas nuestras creían que su abuelo estaba en el cielo, mi padre y mi madre nos regañaron no sólo por reírnos de lo que creían los demás, sino por no intentar ni siquiera aprender de la belleza que puede haber en sus creencias.

“El cielo está lleno de recuerdos”, nos dijeron entonces. “El cielo es casi como el mar, sólo que está muy lejos. Es la inmensidad donde muchos hombres y mujeres han guardado sus nostalgias e ilusiones desde que el mundo es mundo”.

Por desgracia, cuando veo imágenes como la de arriba no veo estas ganas de aprender de los demás, de crecer con ellos.

Veo el fanatismo y la fe ciega en una idea.

Y yo creo que hay que acabar con el fanatismo y la fe ciega.

Y me da pánico de tan sólo imaginar que volvieran a reinar.

Sobre el Estado laico

Domingo, Febrero 12th, 2006

En las últimas semanas hemos visto por qué la laicidad del Estado es un pilar fundamental en la construcción de la democracia. Más allá de que yo piense que el único templo que ilumina es el templo que arde, de que desconfío por principio y por sistema de todo lo que huela a religioso, estoy convencido de que el Estado laico –no sólo aconfesional, sino laico– es fundamental en la construcción de un mundo mejor y más justo.

En las últimas semanas hemos visto por qué la laicidad del Estado es un pilar fundamental en la construcción de la democracia. Más allá de que yo piense que el único templo que ilumina es el templo que arde, de que desconfío por principio y por sistema de todo lo que huela a religioso, estoy convencido de que el Estado laico –no sólo aconfesional, sino laico– es fundamental en la construcción de un mundo mejor y más justo.

Con los Estados y partidos religiosos tengo dos problemas fundamentales. El primero y más obvio, es que vivimos en sociedades que, por fortuna, son cada vez menos homogéneas –si es que alguna vez fueron verdaderamente homogéneas, por lo demás– y el Estado debe gobernar para todos. No para las mayorías: para todos. Y un Estado vinculado con una iglesia gobierna sólo para algunos.

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