Ayer, cuando leí que Andrés Manuel López Obrador intentaría tomar nuevamente las sedes del senado, me sorprendí. El tabasqueño siempre me sorprende. Tras años aún no logro reconocer cuáles son sus límites. Pero no sólo sus acciones me dejan boquiabierto, también sus prácticas. ¿Cómo se le ocurrió eso de poner a votar a sus 17 mil fieles seguidores para ver si tomaban el senado o no?
Se le podrán reprochar muchas cosas a López Obrador, pero de que es ocurrente, lo es. Eso de darle una legitimidad democrática a sus 17 mil fans por encima del congreso de la unión, respaldado por millones de votos, es fantástico. Sólo a él se le ocurren payasadas así.
¿Qué busca Andrés Manuel con esta nueva ola de “resistencia civil”? No tengo la más remota idea.
Por un lado, el Comité de Intelectuales en Defensa del Petróleo, en quienes López Obrador había depositado su confianza, ya dio su aval a las iniciativas sobre el petróleo que esperan en el senado ser aprobadas. ¿Entonces?
Por el otro, cada acción antidemocrática de Andrés Manuel, lo que hace es quitarle posibles votos futuros. La mayoría de la gente esta harta, y me incluyo, de las bravuconadas del tabasqueño.
Y además, la nueva iniciativa es sin duda un triunfo para la izquierda mexicana. Los puntos privatizadores de la iniciativa petrolera calderonista fueron removidos. En cambio, la reforma a Pemex puede significar la reconstrucción y solidificación de Pemex como empresa nacional.
Pero lo más importante es que la Reforma a Pemex es un triunfo para la política en este país. Metidos en una verdadera guerra civil protagonizada por el narco, en medio de una crisis económica que nos espanta, pero sobre todo, ante un escenario político en el que parecía imposible que todos los partidos pudieran ponerse de acuerdo en temas trascendentales y polémicos, la política ha triunfado. Es un gran triunfo de nuestra democracia, y hay que celebrarlo porque tenemos muy pocos.
La única razón que encuentro por la que Andrés Manuel decidió retomar sus movilizaciones, es por que él apuesta y seguirá apostando por el enfrentamiento. Es la única forma en que sabe hacer política. Un hombre que se cree poseedor de la verdad absoluta no puede ser un estadista en un sistema democrático como el que queremos en México, tampoco puede ser factor para alcanzar acuerdos nacionales. Por suerte, la izquierda en las cámaras tiene hombres y mujeres que supieron ponerse a trabajar para sacar una iniciativa que fuera buena para Pemex y México.
Está decisión de Andrés Manuel hara más pronunciada la diferencia de las dos izquierdas mexicanas: la autoritaria y la democratica. A pesar de que López Obrador consigió lo que quería, ganó la batalla, la única respuesta que supo dar fue ahondar en el enfrentamiento. Por el otro lado tenemos a la izquierda democrática, la que cree en las instituciones del Estado y que supo sentarse a negociar para sacar con las otras fuerzas políticas del país una iniciativa conjunta.
No sé cuál de las dos ganará, pero si se separan, lo cuál para mi punto de vista sería lo más sano, yo ya sé cuál se llevaría mi voto en cada elección.




