Según un análisis del conjunto de encuestas y resultados electorales de los últimos tiempos publicado en El Universal, la distribución de votos entre los partidos políticos sería hoy, a pesar de toda el agua que ha corrido, muy similar a la que había en 2000 y que se mantuvo prácticamente todo el foxato.
El PRD, según el análisis que hizo Macario Schettino, volvería a su casi eterna cifra de 17 o 18 por ciento, y el PRI y el PAN se pelearían los tres o cuatro puntos que marcan la diferencia entre ser la primera o la segunda fuerza.

Una cosa que me sorprende es que el PAN, a pesar de sus errores, se mantenga tan alto. Pensé que los contratos de Mouriño y el desgaste por la reforma energética, además del estancamiento de la economía y la incapacidad de este gobierno para ejercer el presupuesto -en mayo, había secretarías que todavía no lo hacían- habían hecho mella en su electorado. Por lo visto no ha sido así y, si hoy se realizaran elecciones, serían la primera fuerza del Congreso.
El PRI sorprende menos. En gran medida, el tricolor funciona como una coalición muy exitosa de caciques locales y fuerzas vivas, que controlan cada uno su estado. Está, además, su enorme capacidad para presentarse ante el electorado como “los únicos que de verdad saben hacer política”. La compra y administración de clientelas también debió de influir en estas encuestas.
El caso del PRD es conocido. Por un lado, creo que les ha hecho mucho daño su incapacidad de presentarse ante el grueso del país como una opción real de gobierno, con un proyecto concreto, con ideas frescas y una forma democrática y distinta de hacer política. Por el otro, creo que el panorama actual es consecuencia, en gran medida, de la enorme habilidad de Andrés Manuel López Obrador de enajenar apoyos (sea por lo burdo de muchos de sus operadores, sea por su afán de denostar e insultar a todo el que no piense como él), junto con su falta de talento para ganar nuevas bases (sea porque protesta sin proponer, porque no ve que el país es muy diverso o porque sencillamente carece de propuesta que presentar).
Para cambiar la correlación de fuerzas, para lograr lo que a punto estuvo de hacer en 2006 y no pudo, como no ha podido desde su fundación, creo que el PRD debe apostar por el trabajo democrático para construir la democracia. Debe apostar por el trabajo de base, por preocuparse sobre lo que ocurre a los ciudadanos y por presentar propuestas relevantes y distintas sobre esos temas. Ojalá lo haga.








