López Obrador y el FAP: la izquierda reaccionaria
Martes, Mayo 6th, 2008La reacción de la izquierda electoral a la reforma petrolera, presentada por el presidente Calderón, y a la reforma laboral, preparada por la Secretaría del Trabajo y filtrada a la prensa en abril, nos permitió ver dónde están sus prioridades y cuáles son sus mentalidades de fondo.
Pudimos ver, por ejemplo, que los temas que les interesan son los que afectan a la Nación con mayúsculas y en abstracto, los que alteran (no importa si para bien o para mal) la estructura fundamental del país como ellos imaginaron que era y debe ser.
Ésa es la razón de que, antes de que Calderón presentara su iniciativa de reforma energética, ésta ya había provocado una reacción muy airada en Andrés Manuel López Obrador y sus afines. No era solamente que no les gustara la reforma, era también que esa reforma implica un cambio en uno de los pilares esenciales del país, y eso es, para ellos, condenable de antemano.
En contraste, no se sabe qué piensan López Obrador y el resto de dirigentes del FAP sobre la reforma laboral. Se sabe lo que ha dicho la secretaria “legítima” del Trabajo, Berta Luján, pero ellos no han opinado al respecto.
Distanciados de los sindicatos, saben que ese tema no les va a dar ni presencia en los medios, ni nuevas clientelas de las qué disponer. El hecho de que la reforma laboral pueda tener un impacto directo, inmediato y perjudicial para los ciudadanos no les parece importante, porque no afecta a la Nación como ellos la entienden, sino a sus habitantes.
Lo otro que me ha impresionado es descubrir que, aunque en el FAP no hay un programa claro y definido, y nadie parece tener claro hacia dónde quieren avanzar, sí se sabe a dónde quieren volver.
El papel del FAP desde su fundación ha sido eminentemente reaccionario. No sólo ha rechazado los cambios propuestos por la derecha, sino que ha sido incapaz de presentar propuestas alternativas. Esto ha sumido a la izquierda electoral en una actitud terriblemente conservadora que me parece condenable.
Lo que los partidos de izquierda, hoy agrupados detrás de López Obrador, pretenden conservar es un legado que en su momento, hace treinta o cuarenta años podría haber parecido progresista para algunos y que hoy ha caducado: la herencia del echeverrismo.
Ante este panorama, esperemos que surja, y pronto, una izquierda que busque construir un futuro democrático y libre, y no reconstruir un pasado autoritario y caduco.





