Y la alucinación se adueñó de la política
Domingo, Marzo 2nd, 2008Quien revise la prensa mexicana de los últimos meses, además de que probablemente se sienta invadido por el desencanto, descubrirá algo que atraviesa tanto a los actores que aparecen en los periódicos como a los periodistas mismos: de algún tiempo a esta parte, las figuras públicas se desprendieron de la realidad, de los hechos, y viven en el mundo de las ideas.
La semana pasada, por ejemplo, tuvo que suspenderse la sesión de la Cámara de Diputados porque se salió de tono el debate sobre si se debía discutir que el presidente Felipe Calderón usara una medalla otorgada por El Salvador. No se debatía sobre la conveniencia del viaje del mandatario a Centroamérica o del uso de la condecoración.
Tampoco sobre el rumbo que deberían seguir las relaciones de México con los vecinos del sur. Se debatía si se debía debatir. Había que mostrar, por parte de unos, que se mantienen en la intransigencia. Por parte de otros, se trataba de demostrar que su tarea es defender al poder, sin importar para qué o si la batalla vale la pena. Los hechos y las necesidades reales quedaron en un segundo plano.
Otro caso parecido es el de los discursos de Andrés Manuel López Obrador, que salta de acusación en acusación sin dar pruebas de ninguna de ellas. Como ya comentó Emiliano, AMLO inventó una declaración de la secretaria de Energía en la que ésta supuestamente reconocía que se buscaba privatizar Pemex. Otro caso similar de desprendimiento de la realidad fue su afirmación de que se buscaba construir un megaproyecto urbanístico en torno al aeropuerto planeado para Atenco. No importa que sea falso lo que se dice: lo que importa es lo que se cree, y si los hechos no se ajustan, peor para ellos.
El caso que me parece más dramático, sin embargo, es el de la huelga en la Universidad Autónoma Metropolitana, que lleva ya más de un mes. Tengo la impresión, aunque espero estar equivocado, de que hasta el momento no se ha señalado con claridad el punto en el que está atorada la negociación. Algunos dicen que es la situación de los trabajadores de la Unidad Cuajimalpa. Otros, que en realidad es la falta de voluntad de ambas partes para ceder recursos al otro. Creo, sin embargo, que se trata de un conflicto que no gira ya en torno de las necesidades de los trabajadores y de la UAM, sino de defender ideas y posiciones políticas.
Ni a las autoridades ni al sindicato parece importarles el hecho de que los trabajadores lleven ya dos quincenas sin cobrar, o de que cientos de alumnos no han tenido clases y otros tantos no han podido presentar sus exámenes de ingreso. A ambos bandos les importa defender una idea de firmeza o radicalidad, de lucha o de austeridad. La realidad pasó al segundo plano.
Y así las cosas, los que vivimos en el país real quedamos a merced de gente que tiene los pies en otro lado, que está demasiado ocupada mirándose a sí misma como para cumplir con sus obligaciones.

