El día de ayer salió en El Universal una nota donde el empresario Luis Miguel Moreno Vélez, confiesa haber tenido que regalar a Martha Sahagún y Vicente Fox un Jeep rojo, igualito al del presidente George Bush, para obtener un contrato con la fundación Vamos México, presidida por la entonces primera dama. Hasta ahí todo bien, sólo una muestra de como funciona en nuestro querido México el tráfico de influencias. La punta del iceberg de la corrupción de Vicente Fox, dicen los diputados opositores.
Para no entrar en discusiones con panistas sobre la veracidad de estos hechos bastan dos pruebas:
1.- Foto de la revista Quién donde sale muy guapo Vicente Fox, presumiendo su Jeep rojo.

2.- Declaración patrimonial donde Vicente Fox omite declarar la propiedad del Jeep rojo.
Tráfico de influencias de los Fox me lo imaginaba, lo que si me dejó boquiabierto fue ver al flamígero diputado panista Juan José Rodríguez Prats salir en la noche de ayer, en un programa de televisión, en defensa épica del expresidente. Su argumento era muy simple y devastador: Cómo se atreven a comparar un carrito de regalo con todo lo que se robaron los presidentes priistas.
Poca cosa se le hace al diputado panista. Y sin duda es poca cosa en comparación de todos los otros regalitos que recibieron Martha y Vicente a cambio de contratos y favores. Pero vamos por partes. Ese simple regalo, el jeep rojo, constituye ya un delito, dado que los servidores públicos no pueden recibir regalos de ese monto.
El otro argumento de Rodríguez Prats es que Vicente Fox es tan claro y tan honesto que hasta hizo pública su declaración patrimonial. Lo que no menciona el diputado es que en tal declaración patrimonial no está incluido el jeep rojo. Pero claro, que tonto soy, como lo iba declarar a su nombre si lo puso a nombre de otra persona. Cuantas otros automóviles, propiedades y cuentas estarán a nombre de otras personas.
Luego dijo que debemos estarle muy agradecidos por todo lo que hizo por el país y no tenemos que estar juzgando al gran estadista que fue Vicente Fox. Claro, él es diputado, como no le va a estar agradecido, pero el resto de los mexicanos no tenemos nada que agradecerle.
Lo más grave es que la llamada “alternancia” en este país no ha servido de nada. El PAN acabó como el PRI, tapando a sus presidentes a costa aún de la más mínima inteligencia. Un partido en verdad demócrata realizaría una investigación a fondo de las acusaciones y transparentaría la fortuna de los Fox. Que vergüenza deben sentir los panistas que lucharon por una democracia en México al ver la foto de su expresidente paseando en su rancho en su coche rojo.
Urge que los diputados y senadores se pongan a legislar para que los exfuncionarios puedan ser auditados y revisadas sus propiedades a conciencia. Las actuales leyes impedirán que los actos de corrupción del foxismo se investiguen y juzguen. Que no vuelva a suceder nunca más.