Cómo ayudar a la gente de Myanmar tras el ciclón
Un ciclón acaba de destrozar gran parte de Myanmar, que antes se llamaba Burma o Birmania. Según los últimos datos que han dado los dictadores que gobiernan el país, tan sólo en la ciudad de Labutta murieron 80 mil personas y miles más siguen desaparecidas.

Estamos hablando de uno de los países más pobres del mundo, y uno de los más oprimidos. Baste un dato: mientras México, por ejemplo, se ubica en el lugar 52 del Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, Myanmar está en el 132. De la opresión, que creo que lo que pasó durante la Revuelta Azafrán, en octubre, habla por sí sólo.
Hay que hacer algo para ayudar a esta gente. Son cientos de miles de personas que lo perdieron todo, y que, obviamente, no pueden contar con los dictadores para salir del atolladero. El huracán, además, acabó con la cosecha, de forma que bajo los escombros no espera más que otra tragedia.
El movimiento en la Red Avaaz tiene una forma de canalizar el dinero y son bastante honestos. Se vincularon con los monjes budistas para hacerlo.
A mí no me gustan los monjes de ningún tipo, pero creo que son la mejor opción para distribuir la ayuda en Myanmar: en muchos lugares, el templo fue lo único que quedó en pie, y los budistas son la única organización independiente del gobierno que tiene presencia en todos los lugares afectados.
Echémosle una mano a la gente de Myanmar, que no tiene la culpa de que sus gobernantes sean unos asesinos imbéciles. Haz click aquí para ir a la página de donativos.
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Ante la bomba, tirate al suelo y cubrete
Mis máximos ejemplos personales de la maldad humana llevada a los límites del poder sucedieron en los años cuarenta del siglo XX: el Holocausto y las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Por supuesto se han cometido múltiples genocidios, quizá con el mismo nivel de crueldad, sin embargo el hecho de que hayan sido perpretados por dos super potencias, no sólo económicas o militares, también culturales, llenas de prestigiosas universidades desde enbtonces, paises a la vanguardia de la tecnología y el arte, me pone la carne de gallina. Si de eso fueron capaces ellos, que esperar de los demás. Porque no hay que darse baños de pureza y maldecir a los alemanes o a los gringos, eso puede pasar y pasa en cualquier parte del mundo.
Todo esto viene a cuento por las imágenes que presentó Eugenio en este blog hace un par de entradas. Las fotografías de Hiroshima y Nagasaki, viejas o nuevas, no dejan de conmoverme y horrorizarme. Y por supuesto comparto con mi amigo, como supongo la inmensa mayoría, por no decir totalidad, de los lectores de este blog, en la importancia de desaparecer para siempre todo el arsenal nuclear del planeta.
No pareciese ser un tema prioritario ya, la guerra fría cada vez está más lejos. Los que nacimos en su ocaso no vivimos el terror que significó la posibilidad de una guerra nuclear, mucho menos los jovenes nacidos después del 90. Pero era un terror real y justificado y hoy podríamos dejar esas espantosas manchas de la historia de la humanidad para siempre en el pasado acabando con las armas nucleares.
Toda esta perorata, demasiado larga ya, era para presentarles el siguiente video. Éste se presentaba en escuelas norteamericanas en la época de la guerra fría y fue elaborado por el propio gobierno de Estados Unidos. Les enseña a los niños a hacerle como las tortugas en caso de una explosión nuclear. Por supuesto no contiene imagenes de lo que hace una bomba, no pusieron fotografías de los cuerpos de Hiroshima y Nagasaki.
Tiene momentos de risa loca, pero no por eso deja de ser un documento muy interesante, de un mundo que parece absurdamente lejano. Comparan la explosión de la bomba con los incendios o con el peligro que represntan los coches, por ejemplo. Y aunque de principio pareciera que busca tranquilizar a los estudiantes norteamericanos de la época, lo cierto es que acaba generando terror en cualquiera que lo vea. Hasta explosiones simuladas tiene para que los niños vean como es la bomba.
Pues acá se los dejo y ahí me dicen que opinan, es alucinante:
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Las izquierdas en las que creo
Las izquierdas son, para mí, una forma de entender el mundo y de actuar en él que busca que todos gocemos los beneficios de vivir en sociedad (económicos, científicos, culturales, sentimentales, de seguridad, etc) y que todos seamos libres de vivir nuestras vidas según nos plazca, con los únicos límites del respeto a los demás y de la solidaridad.
En la arena política, una de las tareas primordiales de las izquierdas es hacer todo lo posible porque las leyes y la acción del Estado vayan en ese sentido. Que respeten y fortalezcan las libertades; que preserven el tejido social que permite vivir en armonía y ejercer esas libertades; que garanticen que se genere riqueza; que todos disfrutemos de los beneficios de esa riqueza generada, y que todos podamos gozar de la vida en sociedad.
Creo que, para conseguir esto, las izquierdas deben orientarse a resultados, y no a etiquetas o prejuicios ideológicos. Por ejemplo, si hay que rechazar las políticas neoliberales no es porque sean neoliberales, sino porque han demostrado una y otra vez que no funcionan, que generan mayor desigualdad y destruyen el tejido social.
Lo mismo pasa en sentido inverso: las izquierdas no son partidarias de que los monopolios naturales (agua, luz, etc) permanezcan en manos del Estado nomás porque adoran al Estado, sino porque así se garantiza mejor, al menos en Estados democráticos, que todos disfruten de sus beneficios.
Otro aspecto importante que caracteriza a las izquierdas es su carácter progresista, de apuesta por construir el futuro y hacer más vivible el presente. En este sentido, las izquierdas son lo contrario de los reaccionarios, de los conservadores.
Inclusive en los casos de debilidad, las izquierdas buscan avanzar. Por ejemplo, un dirigente anarquista de la CGT al que conocí en Barcelona se lamentaba de que la lucha por la autogestión estaba parada porque la embestida neoliberal los había golpeado con mucha fuerza. “Ahora tuvimos que pasar de la ofensiva a la defensiva”, decía. A pesar de estar en una posición defensiva, no se dejaba de lado la necesidad de proponer, de luchar por avanzar.
Creo que el Frente Amplio Progresista, no se orienta por resultados, sino por ideas abstractas; no hace de las libertades un tema prioritario, sino bastante menor, y no propone, sino que se conforma con rechazar.
Pienso también que, si quiere verdaderamente contribuir a la construcción de un país más libre, más justo y en el que se viva mejor, debería recordar estas tres características de las izquierdas y aplicarlas en su quehacer político.
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López Obrador y el FAP: la izquierda reaccionaria
La reacción de la izquierda electoral a la reforma petrolera, presentada por el presidente Calderón, y a la reforma laboral, preparada por la Secretaría del Trabajo y filtrada a la prensa en abril, nos permitió ver dónde están sus prioridades y cuáles son sus mentalidades de fondo.
Pudimos ver, por ejemplo, que los temas que les interesan son los que afectan a la Nación con mayúsculas y en abstracto, los que alteran (no importa si para bien o para mal) la estructura fundamental del país como ellos imaginaron que era y debe ser.
Ésa es la razón de que, antes de que Calderón presentara su iniciativa de reforma energética, ésta ya había provocado una reacción muy airada en Andrés Manuel López Obrador y sus afines. No era solamente que no les gustara la reforma, era también que esa reforma implica un cambio en uno de los pilares esenciales del país, y eso es, para ellos, condenable de antemano.
En contraste, no se sabe qué piensan López Obrador y el resto de dirigentes del FAP sobre la reforma laboral. Se sabe lo que ha dicho la secretaria “legítima” del Trabajo, Berta Luján, pero ellos no han opinado al respecto.
Distanciados de los sindicatos, saben que ese tema no les va a dar ni presencia en los medios, ni nuevas clientelas de las qué disponer. El hecho de que la reforma laboral pueda tener un impacto directo, inmediato y perjudicial para los ciudadanos no les parece importante, porque no afecta a la Nación como ellos la entienden, sino a sus habitantes.
Lo otro que me ha impresionado es descubrir que, aunque en el FAP no hay un programa claro y definido, y nadie parece tener claro hacia dónde quieren avanzar, sí se sabe a dónde quieren volver.
El papel del FAP desde su fundación ha sido eminentemente reaccionario. No sólo ha rechazado los cambios propuestos por la derecha, sino que ha sido incapaz de presentar propuestas alternativas. Esto ha sumido a la izquierda electoral en una actitud terriblemente conservadora que me parece condenable.
Lo que los partidos de izquierda, hoy agrupados detrás de López Obrador, pretenden conservar es un legado que en su momento, hace treinta o cuarenta años podría haber parecido progresista para algunos y que hoy ha caducado: la herencia del echeverrismo.
Ante este panorama, esperemos que surja, y pronto, una izquierda que busque construir un futuro democrático y libre, y no reconstruir un pasado autoritario y caduco.
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Nuevas fotos de Hiroshima tras el ataque nuclear
Los Hoover Institution Archives acaban de publicar diez fotos tomadas inmediatamente después de que la bomba atómica “Little Boy” cayera sobre la ciudad de Hiroshima. Las imágenes son, además de terriblemente sobrecogedoras, una muestra más de por qué hay que acabar con las armas nucleares -y de todos los tipos, ya que estamos.
Las fotografías las encontró Robert L. Capp, miembro de las fuerzas estadunidenses que desembarcaron en Japón, en una cueva a las afueras de la ciudad devastada.
Lo que Capp vio en esas imágenes, lo que el anónimo fotógrafo japonés vio en las calles y puso en plata sobre gelatina, debería bastar para eliminar los arsenales nucleares del mundo. No se trata sólo de una cuestión moral: es una cuestión de supervivencia.
Las grandes potencias se escudan en la “teoría de la contención” para justificar sus armas atómicas, pero, como ya explicaron Arundhati Roy en The End of Imagination y Stanley Kubrick en Dr. Strangelove, esta concepción de la guerra nuclear tiene una falla elemental: asume que no hay locos en este mundo, que se entiende al enemigo a la perfección y que el sistema mismo evitará el holocausto nuclear. Sabemos que esto no es necesariamente cierto.
Eliminar estos arsenales es también una cuestión de legalidad. Aunque no tenga cómo aplicarla, la Corte Internacional de Justicia de la ONU emitió una opinión consultiva en la que explica que la sola posesión de las armas nucleares es ilegal, violatoria, entre otros, del derecho a vivir sin miedo.
Y hay otro sinfín de razones para acabar con las bombas atómicas. Esperemos que algún día se pueda, y que sea pronto.
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Los Fusilamientos del 3 de Mayo, o la fuerza de la imagen y la palabra
Un tres de mayo de hace doscientos años, ocurrió una tragedia como muchas que la humanidad ha visto, pero con una diferencia. En este caso, había un testigo incomparable que lograría, con el óleo y el pincel, que todos fuéramos también testigos. Su nombre era Francisco de Goya y la desgracia que vio fueron los fusilamientos del 3 de mayo.
La obra de Goya me ha fascinado siempre. Los trazos gruesos que sin embargo no pierden detalle, la fuerza de las expresiones, el manejo de la luz. Todo me impresiona. Desde las pinturas de corte hasta las más expresionistas, todo tiene fuerza, todo tiene la luz correcta.
Lo que más me gusta de Goya, sin embargo, son esas pinturas que muestran, que denuncian lo peor del hombre, y que se complementan siempre con una frase, con un título muy descriptivo. Al hacerlo, Goya permite romper con la ambigüedad de la imagen, haciendo concreto el mensaje sin cerrar su fuerza metafórica.
Goya, también, está haciendo que el torturado, el fusilado, el deforme que retrató en la obra nos quede más cerca a los espectadores. Si en la fotografía de guerra o en la pintura expresionista las víctimas se suceden unas tras otras y al drama concreto y cotidiano lo desplaza, en la mente del espectador, un drama metafórico y aséptico, con el maestro español no hay huida posible.
“Los muertos de los Fusilamientos del 3 de mayo no son abstractos”, parece decirnos: son muertos muy concretos, que de metafórico no tienen nada y lo tienen todo de real.
Lo que logra es quitar la anestesia que generaliza la violencia hasta diluir a sus culpables, y la sustituye con la compasión, con la empatía, con la solidaridad. “Éste fusilado es tan concreto como tú, y lo que le pasa a él, lo que les pasa a ellos, podría ser tu misma suerte”, gritan sus trazos.
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La pobreza en la india y la “casa” más cara del mundo
En India, de acuerdo a datos de su gobierno, el 27.5 por ciento de la población, más de 236 millones de personas, viven con menos de 40 centavos de dolar al día. En ese mismo país, Mukesh Ambani, el quinto hombre más rico del mundo de acuerdo a Forbes, planea construir su casa de 2 mil millones de dolares. La casa-edificio de 27 pisos será contruida en Mumbai y esta es la imagen del proyecto:
Vilesa, estupidés, maldad, cinismo, cientos de adjetivos me vienen a la cabeza al ver lo que está en la mente del empresario indio. La idea de construir está indignante casa la tuvo su esposa en 2005 en una visita a Nueva York al quedar enamorada de los interiores del Hotel Mandarin. Así convencio a su esposo de buscar a los arquitectos del hotel para hacer el proyecto de su “casa”. Lamentablemente a la señora jamás le conmovieron las vistas de su propia ciudad donde la pobresa y la miseria reinan. Así es el mundo a veces.
Más imágenes del proyecto de la “casa” / Forbes
Nota en español con más información / El Universal
Información sobre la pobreza en la India / Wikipedia en ingles
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Las guerrillas jardineras
En Londres y otras ciudades del mundo está creciendo un movimiento que valdría importar a las ciudades latinoamericanas: las guerrillas jardineras.
Se dedican a encontrar pedazos de tierra abandonada y plantar ahí plantas, flores y pasto. Si se presta, algún árbol. Deben ser especies resistentes al frío, los peatones y los perros y no necesitar cuidados excesivos: se trata de que duren.
La idea me encanta no sólo por lo genial que sería devolver a la ciudad de México, por ejemplo, su carácter de región más transparente, en la que se volviera a respirar con ganas y no con resignación ante el smog del aire.
Me parece maravillosa porque estos guerrilleros botánicos están haciendo algo que nos hace mucha falta y que a veces olvidamos: la recuperación de las ciudades para los ciudadanos empieza por lo más cercano, por lo más obvio y cotidiano.
Reverdecer un trozo de jardín público terregoso y olvidado puede ser el primer paso para reconstruir el tejido social de las grandes urbes que habitamos. Devolverle las flores al parque de la esquina podría ser el principio del camino de vuelta a esa ciudad que ya no estará ni deshecha, ni gris, ni monstruosa.
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El calamar gigante de Nueva Zelanda, o el sueño del capitán Nemo
Hace 140 años casi exactos, un 20 de abril de 1868, un cardumen de calamares gigantes atacó el Nautilus y logró cobrarse la vida de uno de los marineros del capitán Nemo. Apunto estuvo, de hecho, de matar también a Ned Land.
Ahora, como si la vida le rindiera homenaje, al borde del aniversario de que las ganas de ese navegante entrañable y extraño por tomar a un primo del kraken de trofeo casi le costaran la nave, comenzó la disección del ejemplar de calamar ya no gigante, sino colosal, más completo que se ha encontrado nunca.
Casi todos los ejemplares que se han hallado estaban ya muertos, en pleno proceso de podredumbre, destrozados por bestias carroñeras y corrientes. Éste no. Está casi intacto. Se lo encontró un barco pesquero en Nueva Zelanda comiéndose a una de las presas que mordieron sus anzuelos. Y el museo de Te Papa lo va a disectar.
Aquí se puede ver el proceso, si alguien se siente el capitán Nemo o tiene dotes de anatomista o zoólogo. Yo, por mi parte, me conformo con la foto y con pensar que, después de todo, el sueño del Nautilus se hizo realidad.
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